Isabella Sottolichio: “Las bibliotecas públicas son espacios de cuidado, encuentro y memoria”

2 julio, 2025

Conversamos con Isabella Sottolichio, Coordinadora Regional de Bibliotecas Públicas de la Región de Valparaíso, sobre cómo inició su camino en el mundo del libro y la lectura, desde sus inicios en la Biblioteca Nacional y en el Archivo del Escritor, su importante trabajo en la colección inédita de Gabriela Mistral, hasta su trabajo más comunitario en la Biblioteca de El Bosque y el proyecto “Museo Temporal”.

Hoy nos cuenta los desafíos de su cargo en la región de Valparaíso, su mirada sobre el fomento lector y los desafíos que enfrenta la sociedad chilena para preservar la lectura profunda hasta el valor de la literatura infantil y juvenil actual.

¿Cómo te interesaste por estudiar literatura?

Partí estudiando un bachillerato en Filosofía y Humanidades en Santiago, donde encontré  lecturas que me resultaron profundamente emocionantes, sobre todo textos de literatura antigua, libros detonantes que me produjeron mucho  interés y placer. Fue en ese proceso que comprendí que no sabía leer realmente, y que había obras que tendría que releer para poder entenderlas, y esa dificultad, se convirtió en un desafío que luego quise resolver.

Decidí profundizar en ese camino y opté por continuar estudiando la carrera de Lengua y Literatura en la Universidad Alberto Hurtado, fue un tiempo de mucho aprendizaje, que me permitió ir modelando de a poco mi gusto por la lectura.

¿Cómo se inicia tu experiencia en el mundo de las bibliotecas?

Todo partió mientras hacía mi tesis de pregrado,  momento en que me di el tiempo de habitar la Biblioteca Nacional, un lugar que me maravilló por la diversidad de sus archivos. Poco después, surgió la oportunidad de reemplazar por un tiempo a la encargada de digitalización en el Archivo del Escritor, momento en el que pude conocer manuscritos originales de Mistral, ediciones La Mandrágora entre otros.

En 2007 la Biblioteca Nacional recibió la colección inédita Legado Gabriela Mistral, trasladada desde Washington. Durante años este archivo estuvo bajo la custodia de Doris Dana y, posteriormente, de Doris Atkinson, hasta que finalmente se gestionó su traspaso a Chile mediante un proyecto adjudicado por la Biblioteca. La llegada de este acervo fue una noticia trascendental: eran aproximadamente ciento cincuenta cajas con manuscritos, cartas, telegramas, fotografías, videos, audios y objetos personales de la poeta que arribaban al país, abriendo un universo inédito para la investigación mistraliana. En ese momento tuve la oportunidad de integrarme al proyecto “Legado”, experiencia que marcó el inicio de mi camino en el mundo de la bibliotecas públicas, esta posibilidad de estar tan cerca de Mistral, me permitió leer y observar sus principios humanistas más de cerca, y especialmente, aquellos que apuntaban al rol de la maestra, la lectura y las bibliotecas, siempre situada desde un contexto latinoamericano.

Luego de esa etapa, busqué espacio en distintas bibliotecas públicas, finalmente logré entrar a trabajar en la comuna de El Bosque. Allí me correspondió asumir la dirección de una biblioteca que se trasladaba de una casa pequeña a un nuevo edificio,  instalándose  en un moderno centro cultural de más de dos mil metros cuadrados, frente a una plaza y en pleno centro cívico de la comuna, tenía hasta una sala de cine. El desafío fue enorme, porque implicaba repensar el rol de la biblioteca en un espacio completamente distinto y con nuevas posibilidades de desarrollo.

Fue un proyecto escuela para mí, estuve cerca de siete años a cargo. Paralelamente, cursé un Máster en Bibliotecas y diversos diplomados en fomento lector, mediación y patrimonio, reconociendo que el trabajo en bibliotecas públicas es profundamente interdisciplinario, algo que se comprende plenamente al asumir la responsabilidad de gestionarlas e interactuar con todos los agentes de una comunidad. Las bibliotecas sí son solo lugares de lecturas, pero además son centros comunitarios, espacios de encuentro y cuidado, de extensión, divulgación y por cierto de transformación.

¿Qué significó para ti el proyecto Museo Temporal?

Desde la Biblioteca Pública de El Bosque impulsamos el proyecto Museo Temporal: colección colectiva de vestigios locales, iniciativa que invitaba a la comunidad a reconocer e investigar sus archivos personales y comunitarios, para luego desarrollar una museografía sobre las historias recopiladas. La experiencia se replicó en Tiltil, Conchalí y otras comunas, y estaba inspirada en el encuentro La Mesa de Santiago, celebrado en Chile 1972, hito que manifestó la necesidad de un “museo integrado”, es decir, la comprensión de un enfoque de participación real de las comunidades en los discursos de los museos tradicionales.

El proyecto invitaba a construir un colección colectiva desde cero, y para ello diseñamos un programa completo de actividades: charlas, visitas a la Biblioteca Nacional, a su Hemeroteca, al Museo de Historia Natural, entre otros. A partir de estas exploraciones y discusiones, la comunidad seleccionaba los temas que quería rescatar. Para luego recopilar objetos, fotos y relatos. Trabajábamos de manera interdisciplinaria con profesionales de la historia, la arqueología, antropología, y con artistas montajistas para desarrollar la museografía. Finalmente montábamos un museo dentro de las bibliotecas.

Este proyecto no solo generaba un espacio de aprendizaje y creación colectiva, sino que también reinstalaba un paradigma de participación cultural, que asimismo, activaba la biblioteca como un epicentro de memoria, lecturas y amistad.

¿Cómo llegaste a la coordinación regional en Valparaíso?

En 2017, buscando aires costeros para mi hijo Valentín, llegué a Valparaíso con el afán de encontrar  un espacio en alguna biblioteca. Luego de varios proyectos y en plena pandemia, postulé al concurso público para el cargo de coordinadora regional, en el que finalmente salí seleccionada.

¿Qué desafíos implicó asumir en pandemia?

Al principio fue muy complejo porque las bibliotecas estaban cerradas y todos mis primeros acercamientos fueron virtuales, además me tocó asumir paralelamente el cargo de Directora (S) de la Biblioteca Severin por casi un año. De todas maneras, me dediqué a conocer la región, a conversar con cada encargada,  a estudiar el estado de la Bibliotecas, a pensar bien la coordinación de las reaperturas.

El hito más significativo de ese tiempo, fue el primer encuentro presencial de equipos de Bibliotecas de la Región, al que llegaron más de 35 encargados/as, de un total de 42 (ahora somos 44 bibliotecas en la región) fue una jornada muy emotiva entre compañeras que no se habían visto desde al menos 3 o 4 años y el enfoque estuvo en el regreso de las comunidades a sus bibliotecas. La planificación de esta jornada contó con el invaluable apoyo del Plan Regional de Lectura.

¿Quiénes son los públicos de las bibliotecas públicas?

Las bibliotecas atienden a toda la comunidad en su conjunto y deben sostener el principio de bibliodiversidad, considerando los intereses y particularidades de las personas que son parte de sus territorios. Por ejemplo, en sectores rurales se trabaja mucho con el mundo campesino; en ciertas bibliotecas se ha desarrollado  el Programa Memorias del Siglo XX,  (con quienes próximamente lanzaremos un libro hermoso de registros fotográficos regionales). En balnearios, se desarrollan actividades dirigidas a turistas y las  famosas “biblioplayas”;  en otras comunas, se trabaja con adultos mayores o con la infancia, según los programas disponibles.

Una de nuestras líneas de trabajo más fuertes en este momento, es la red de clubes de lectura de la región, en donde a la fecha, ya son más de 55 clubes activos, con quienes se realizan reuniones periódicas presenciales y virtuales. Además estos cluberos/as son parte de los comités de selección bibliográfica, labor que anualmente nos permite  adquirir las colecciones que ellos/as han decidido leer.

Otro público muy importante siempre son las infancias, y para ellos/as, a parte de todas las mediaciones que realizan los equipos de bibliotecas, es que estamos en pleno proceso de creación de una red  Guaguatecas para este 2025. De esta manera, estamos avanzando en la  implementación  de estos espacios en San Antonio, Cartagena, Quilpué, Villa Alemana y en la Severin. En Quillota la Guaguateca  ya es parte de los servicio de la Biblioteca.

 Se habla mucho de fomento lector y de lo poco que leemos en nuestro país. ¿Cómo evalúas el compromiso lector en Chile?

A mi parecer, el fomento lector es una línea de trabajo que es transversal dentro del ecosistema del libro, que de manera permanente articula esfuerzos entre bibliotecas, librerías, editoriales, escuelas, mediadores, universidades y comunidades lectoras, entonces desde esa mirada, creo que existe mucho compromiso y vocación para sacar adelante iniciativas que apuntan a promover el ejercicio de la lectura en su amplio espectro. Sin embargo, muchos de estos esfuerzos son inestables en un país como Chile, principalmente porque no hay un presupuesto robusto y sostenido, para poder trabajar en programas a largo plazo, en evaluaciones periódicas, en programas  con pertinencia territorial, en formación y articulación,  en proyectos de innovación etc.

Entonces, sí, creo que hay un gran compromiso, pero si queremos avanzar hacia mejores índices de calidad de la lectura, no basta únicamente con agentes motivados. Desde hace un tiempo sabemos que es necesario contar con un marco legal que asegure un piso común de garantías. Y por ejemplo -en el caso de las bibliotecas públicas- esto implicaría que además de trabajar en el acceso a colecciones bibliográficas actualizadas, también exista formación,  mediación e investigación permanente, tiempos destinados para leer, recursos para que las infraestructuras cumplan con los estándares de las bibliotecas públicas, y con apoyos que permitan levantar proyectos en articulación con otros actores del ecosistema del libro y la lectura.

Por último, y siguiendo con el foco en la Región de Valparaíso, aprovecho de comentar que a través ALEPH, el software de automatización de bibliotecas que funciona a nivel nacional  para el registro de socios/as y préstamos de libros, es que podemos ir midiendo la cantidad de libros que solicitan lectoras y lectores de la región, los géneros más leídos, las rangos etarios que leen más (o menos) etc. Y a través de este indicador, es que podemos asegurar que el número de personas que lee en las bibliotecas de Valparaíso  aumenta cada año.

¿Por qué es importante que seamos una sociedad lectora?

Ser una sociedad lectora es fundamental por muchos aspectos. Creo que la lectura nos entrega algo de paz y nos tranquiliza. Además  nos permite conectarnos con experiencias y contextos distintos al propio, ejercita nuestro cerebro de manera integral, fortalece la concentración, la memoria y la capacidad de asociación, al mismo tiempo que despierta emociones. Todo  eso creo contribuye a que seamos una sociedad más amable y empática.

Además, la lectura incide directamente en nuestra calidad de vida, transforma la forma en que nos comunicamos, en cómo nos acercamos a los demás y en cómo observamos el mundo. Nos concede también la posibilidad de desconectarnos de la rutina cotidiana para entrar en otras historias y en nuevas categorías simbólicas que amplían nuestra mirada. La lectura nocturna para las niñeces, es un ejemplo de eso.

¿Las pantallas y la inteligencia artificial compiten con la lectura?

Pienso que las pantallas no pueden meterse en una sola categoría, el cine, la animación, o la lectura en formato digital son expresiones y soportes valiosísimos, no obstante, si hablamos específicamente de esas pantallas que solo nos ofrecen un bombardeo de videos cortos que repiten mensajes sin contenido, como recomendaciones para no envejecer, o videojuegos interminables en el que las niñeces solo se “encuentran” de manera virtual. Claramente éstas sí generan estados de ansiedad y desconexión, y en estos casos, creo que más que “competir” con la lectura, esta “pantallas” sí empobrecen los tiempos libres de las personas y por ende, se afectan varias capacidades cerebrales, como mencioné en la pregunta anterior, de concentración, asociación y sobre todo de comunicación.

Con respecto a la IA, creo que es un tema larguísimo, que no es posible abordarlo de manera tan simple, aunque a priori pienso que si la IA no te va a entregar las mismas experiencias y beneficios que la lectura, entonces no compite. De todas maneras, me parece que lo más riesgoso de este tema, incluso antes del debate sobre si será posible utilizar esta herramienta de manera “inteligente” y no perezosa. Es más urgente asumir el impacto al medioambiente que genera el uso ilimitado de esta tecnología.

A pesar de todo esto, hay iniciativas y propuestas muy interesantes con respecto a la curatoría de contenidos digitales y de video juegos  que pueden implementarse en bibliotecas, por ejemplo en el contexto de la realización de clubes de lectura juveniles. Existen laboratorios de ficción digital, en los que además de trabajar con ciertos videojuegos no convencionales, abordan un conjunto de  obras multimedia, que comparten características relacionados al hipercómic o a la literatura electrónica.

¿Qué valor tiene la literatura infantil y juvenil?

La literatura infantil y juvenil tiene hoy un valor fundamental,  sobre todo para las bibliotecas públicas. Géneros como el libro-álbum, la novela gráfica y los libros informativos han renovado las colecciones y atraído a nuevos/as  lectores/as, al combinar arte y literatura con un enfoque interseccional, sobre todo desde el género, derechos humanos, memoria, migración o medioambiente. Este cruce ha enriquecido tanto a los niños como a los adultos que los acompañan en la lectura.

Particularmente interesante, ha sido la irrupción del libro informativo para la infancia, que ha transformado lo que antes eran enciclopedias rígidas en propuestas sensibles, bellamente diseñadas y con un enfoque humanista, capaces de acercar la ciencia, la historia o la memoria desde un lenguaje accesible y afectivo.

Además, estas publicaciones han incorporado narrativas que trascienden a la infancia, ampliando la mirada y beneficiando no solo a las infancias, sino también a las familias y mediadores que las acompañan. En ese sentido, estos libros abren un espacio de aprendizaje compartido, donde los mensajes pensados para niños y niñas dialogan con inquietudes y preocupaciones plenamente vigentes para los adultos.

¿Cuál fue tu primer contacto con la lectura?

Mi primer contacto con la lectura estuvo muy marcado por mi familia. Mi mamá siempre ha sido una persona muy lectora, y desde muy niña la veía leer durante horas, creo que ese amor por los libros me ha determinado en este oficio de las bibliotecas. También mi papá me leyó mucho por las noches, recuerdo perfectamente las historias  del famoso libro de los 80: Un cuento para cada día del año, que todavía lo conservo entre mis libros-tesoros.

Más adelante, ya en la adolescencia, descubrí a Edgar Allan Poe, Herman Hesse, Oscar Wilde y Ana Frank, autores que me ofrecieron mis primeras preguntas existenciales, y se quedaron resonándome harto tiempo luego de haberlo leído.

Para finalizar, ¿Qué crees tú que debe tener una buena historia para niños y jóvenes?

Me parece que una buena historia para la infancia debe ofrecer simpleza y creatividad, además de abrir caminos, paisajes, en un sentido amplio. Creo en la fuerza de la metáfora y de la metamorfosis: en el lenguaje poético y en las transformaciones de los seres y sus circunstancias, tal como ocurre en la naturaleza. Escribir para niñeces y jóvenes requiere de una gran virtud, que combina sensibilidad, lectura constante y al mismo tiempo, cierta maestría artística capaz de transmitir un imaginario acorde a esas infinitas preguntas que surgen en la infancia y que van colaborando, poco a poco, a comprender el mundo.

Yo  concibo la literatura como un espacio para descubrir y significar el lenguaje, para situarnos y  definirnos, algo que las niñeces necesitan profundamente, sobre todo en tiempos complejos, y diría que más que clasificar las lecturas, es más importante transitarla, y ojalá, habitarla cotidianamente desde alguna  biblioteca pública.

 

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