El escritor e ilustrador Jimmy Liao es uno de los más populares creadores de libro álbum de Asia. Nació en Taipei, Taiwán, en 1958 y estudió Bellas Artes. Trabajó en publicidad y a lo largo de doce años consolidó su prestigio en ese mundo. A los cuarenta años enfermó de leucemia y estuvo hospitalizado en aislación durante un año para seguir el tratamiento. Este periodo de sufrimiento aguzó su sensibilidad y su empatía y le causó una crisis existencial que varió su rumbo artístico.
Jimmy Liao no fue un buen alumno de secundaria y cuando estudiaba en la Facultad de Bellas Artes tenía la impresión de estar muy por debajo de sus compañeros. Después empezó a trabajar en publicidad y por las noches dibujaba. Cada vez se iba aburriendo más de su empleo diurno y decidió ser más libre y dedicarse a lo que de verdad le gustaba hacer: escribir y dibujar sus propias historias para niños y adultos. En 1995 le diagnosticaron una leucemia y este acontecimiento dio un giro radical a su vida y a su visión de mundo. Cuando se recuperó dejó su trabajo en una agencia de publicidad y publicó, en 1998, sus dos primeros libros: Secretos en el bosque y El pez que sonreía.
Y este fue el principio de un boom tanto en su país como en el extranjero. Jimmy Liao es hoy uno de los ilustradores asiáticos más conocidos y ha vendido muchísimos libros en todo el mundo, más de 3 millones solo en Taiwan (su país) y China. Sus libros se han traducido al español, al francés, al griego, al inglés, al coreano, al tai, al japonés y al alemán, entre otros. También varios de sus trabajos han sido llevados al mundo de la música, al cine y al teatro, y el corto El pez que sonreía recibió el premio especial al mejor cortometraje de animación del Festival Internacional de Cine de Berlín en 2006.
Además ha obtenido varios Trípodes de Oro, máximo galardón oficial para libros otorgado en Taiwán; el Premio Versele de literatura infantil y juvenil de Bélgica; la Estrella de Plata del Premio Peter Pan de Suecia; y el Premio al Libro de Arte Mejor Editado del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte de España. Además, ha sido nominado dos veces al Premio Conmemorativo Astrid Lindgren de Suecia, una de las distinciones internacionales más prestigiosas en el campo de la literatura infantil y juvenil.
Los álbumes ilustrados de Jimmy Liao son originales, de una gran riqueza y con un marcado tono poético, “la poesía también se puede crear mediante una historia gráfica”, ha dicho el autor. Liao suele utilizar un colorido muy vistoso para expresar la cara a veces oculta de las cosas: el silencio, la angustia, la soledad o la ausencia. En su trabajo muestra un enorme respeto por la infancia y por las emociones de los niños que para él son tan reales e importantes como las de cualquier adulto. Sus protagonistas son casi siempre niños (o el niño que todos llevamos aún dentro, el que fuimos), y más concretamente, niñas. Liao se autodenomina emisario de esos sentimientos y los universaliza convirtiéndolos en algo extrapolable a cualquier persona, sea de la edad que sea.
En reiteradas ocasiones, Jimmy Liao ha afirmado que “nunca pienso en mis potenciales lectores cuando trabajo. Puede que tenga una vaga idea. Pero tampoco me preocupo demasiado por las características tradicionales de los libros infantiles. Mis libros son para todas las edades. Elijo temas sencillos y claros. Intento concentrarme en una sola idea. Y hago mis personajes más amables. Cuando ilustro para niños, intento recordarme a mí mismo a esa edad. Depuro mi manera de expresarme”.
Y al mirar sus libros y seguir sus historias, se intuye el gran disfrute que para el autor ha debido ser dibujarlas; “es una actividad que siempre me hace sentir alegre”. Y reflexionando sobre el proceso creativo ha referido que: “A la gente le encanta preguntar a los autores cómo les viene la inspiración, como si, al descubrir su fuente secreta, pudieran seguir un atajo en el proceso creativo. Pero, en realidad, yo no creo en absoluto en la inspiración, porque puedes tener muchísimas ideas geniales, pero a la hora de la verdad, son pocas las que te valen para algo, y de esas, aún menos las que puedes llevar a la práctica. Estoy convencido que la única fuente de inspiración viable es la práctica. Suelo pasarme el día entero reflexionando, pero si no ejercito la mano para poner nada en práctica, al final todo queda en fantasías”.
Y sí, como asevera este sensible artista “entre pensamiento y creación, por mucha experiencia que tengas, sigue existiendo una distancia: hay que ir puliendo las cosas gradualmente, avanzando paso a paso con firmeza. Así es como se progresa de verdad. Por muy ambiciosos que sean tus sueños, si no tienes la capacidad mental de perseverar y seguir practicando, quedarán todos reducidos a puro humo. Por eso creo –ha agregado- que si alguien quiere dedicarse a hacer ilustraciones profesionalmente, no como un hobby, debe saber si tiene talento para ello. Y luego, ponerse a hacerlo sin pensar demasiado. Y hacerlo todos los días, una y otra vez. Perseverar en el trabajo. La gente piensa demasiado y hace poco. La práctica es de hecho la clave para ser un artista”.
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