El séptimo ciclo de Casas Lectoras de Libroalegre ya vivió sus primeros encuentros junto a Sara Bertrand y Decur, y continuará durante octubre y noviembre con la escritora colombiana Irene Vasco y el ilustrador ecuatoriano Roger Ycaza.
¿Qué libros nos han tocado, acompañado o cambiado nuestra forma de mirar? Esa es la invitación de “Libros que tocan”, la séptima edición de Casas Lectoras, ciclo organizado por Libroalegre que este año reúne a cuatro destacados creadores latinoamericanos de literatura infantil y juvenil (LIJ) para conversar sobre aquellas lecturas que han sido significativas en sus vidas y trayectorias.
El ciclo se desarrolla en línea y ya celebró sus dos primeros encuentros, con una gran participación de público de distintos lugares. La escritora chilena Sara Bertrand abrió la programación el pasado 22 de agosto, mientras que el 12 de septiembre fue el turno del ilustrador y escritor argentino Decur.
Más que centrarse únicamente en sus propias obras, la propuesta de este año invita a cada creador a escoger una lectura de otro autor o autora que lo haya remecido especialmente. A partir de esa elección se abre un espacio de conversación, reflexión y participación con quienes se conectan a cada encuentro.
En su participación, Sara Bertrand abordó el libro “Mi pequeño”, de Germano Zullo y Albertine, como una invitación a reflexionar sobre las narrativas de la maternidad, sus ficciones y las nuevas y viejas formas de contarla.
Decur, por su parte, escogió Conejo de viaje, de Liniers, una obra que ha descrito como especialmente significativa en su propia trayectoria. A partir de ella, el encuentro permitió a los asistentes soñar y conversar, y con lapiz en mano realizar ejercicios en torno a los viajes y a los imaginarios propios.
Casas Lectoras continuará el sábado 10 de octubre con Irene Vasco, escritora colombiana con una extensa trayectoria vinculada a la literatura infantil y juvenil y a la formación de lectores.
El cierre del ciclo será el sábado 14 de noviembre junto a Roger Ycaza, ilustrador y autor ecuatoriano, quien será el cuarto invitado de esta edición.
Ambos encuentros se realizarán en línea vía Teams, entre las 11:00 y las 12:30 horas de Chile, permitiendo la participación de personas desde distintos territorios.
Con siete años de trayectoria, Casas Lectoras se ha consolidado como uno de los espacios de encuentro de Libroalegre en torno a la literatura infantil y juvenil, convocando a familias, docentes, bibliotecarios, mediadores de lectura y personas interesadas en descubrir nuevas maneras de relacionarse con los libros.
Irene Vasco — Colombia
Sábado 10 de octubre
11:00 a 12:30 hrs. Chile
Roger Ycaza — Ecuador
Sábado 14 de noviembre
11:00 a 12:30 hrs. Chile
Modalidad: en línea vía Teams. Inscripciones en Libroalegre.cl y @libroalegre en Instagram.

Sara Bertrand, lectora y escritora, estudió Historia y Periodismo en la Universidad Católica de Chile. Ha desarrollado una extensa trayectoria vinculada a la literatura infantil y juvenil, como autora, docente y tallerista, y es nuestra nueva invitada en Voces para conversar sobre los libros que nos transforman, la lectura como espacio de encuentro y su propia relación con la escritura.
Su obra ha recibido reconocimientos dentro y fuera de Chile. En 2017 obtuvo el New Horizons Bologna Ragazzi por La mujer de la guarda, libro que posteriormente recibió el sello de distinción de la Cátedra UNESCO en Brasil. No se lo coma fue incluido en el catálogo White Ravens y Manifiesto literal, mujeres impresas recibió la Medalla Colibrí de IBBY Chile en 2019. Más recientemente, Álbum familiar obtuvo el Premio CANIEM al Arte Editorial en México y La memoria del bosque fue reconocida por el Banco del Libro de Venezuela.
Este año, Sara fue además la primera invitada de “Libros que tocan”, el séptimo ciclo de Casas Lectoras de Libroalegre. En su encuentro abordó Mi pequeño, de Germano Zullo y Albertine, como punto de partida para reflexionar sobre las narrativas de la maternidad, sus ficciones y las nuevas y viejas formas de contarla.
En esta conversación, Sara nos comentó sobre los libros que han marcado su vida, la lectura como experiencia de encuentro y diálogo, su relación con la escritura y las posibilidades de la literatura infantil y juvenil. Una conversación sobre los libros, la escritura y la lectura como una forma de escuchar y ver a otros.
¿Qué posibilidades encuentras en la literatura infantil y juvenil que quizás no están en otros tipos de literatura?
Excepto el hecho de que, en general, como lectores, las niñas y niños me caen mejor que los adultos, no me parece que existan posibilidades que se den en unos libros y en otros no.
Para ambos públicos hay un montón de libros prescindibles, mucha basura, mucho libro de auto ayuda, algunos que tocaría releer varias veces antes de matar un árbol para publicarlos. También para ambos públicos lectores existen libros de moda, temas de moda, en fin, cuestiones que vaya uno a saber por qué, los editores deciden que es lo que se debe leer. A mí me encantaría conocer de qué está hecha la materia de un editor, porque es un oficio de lo más extraño. Pocas veces conoces sus motivaciones más profundas, quizás sea vender libros, me refiero a muchísimos libros, pero hay libros que no se venden y son lo mejor que se ha escrito, entonces, el criterio imagino es ir tanteando, un poco a ciegas, jugársela por autores jóvenes, curiosos, miembros de grupos particulares e identificables, de modo que sea leído por esos lectores. No lo sé. De todos modos, eso no tiene nada que ver con literatura. La literatura está en otra parte y cualquier niña o niño se da cuenta de inmediato.
¿Hay algún libro que recuerdes especialmente porque haya cambiado tu manera de mirar el mundo?
Uy, no puedo pensar en un solo libro porque sería amputar mi biblioteca y desconocer el hecho de que gracias a esos muchos libros que fui escogiendo, leyendo, subrayando y con los que sostuve largas conversaciones, porque un libro siempre es una oportunidad de diálogo, aprendí a mirar el mundo de otra manera.
Gracias a mi biblioteca comencé a tomar cierta distancia, respirar, uno, dos, tres, antes de abrir la boca para decir cabezas de pescado y a ponderar juicios y opiniones. Porque ciertamente vivimos presos de nuestras unicidades, nuestros egos, y requiere tiempo y voluntad salir de uno mismo para escuchar y ver al otro, para ejercitarnos en la lectura, que es otra forma de escuchar y ver a otros.
Cualquier biblioteca tiene ese potencial, traernos el mundo, acercarnos a lo distinto y, sobre todo, descubrir que no somos ningún centro de ningún universo, sino todo lo contrario, somos parte de un todo, seres vivos que nos relacionamos con otros seres vivos en una realidad caótica y en movimiento en la que debemos aprender a nadar con suficiente elegancia como para pensar por nosotros mismos y hacer lo que buenamente podamos con lo que tenemos.
¿Qué libros te han acompañado en distintos momentos de tu vida y has vuelto a leer con otros ojos?
Estoy en un club de relectura de clásicos y en las primeras sesiones me di un gusto grande en el sentido de tu pregunta, porque pude proponer un par de libros que quería releer, no porque me hubiesen acompañado en distintos momentos de mi vida, sino porque fueron parte de mi formación. Por ejemplo, Los hermanos Karamázov, lo he contado muchas veces, mi abuelo Jaime me lo regaló cuando tenía, creo, diez años y aunque abrí el libro e intenté leer, no entendí nada, al menos, nada que recuerde. Pero luego, a los veinte, sí lo leí y me reí a gritos con Fiódor Pávlovich, sobre todo, me gustó mucho la forma en que Dostoievski estructura el relato de esta familia y eso me llevó a leer a otros rusos durante un largo y disfrutado tiempo.
Otro de los libros que releí fue Las olas, de Virginia Wolf. Ese libro lo leí a los veintitantos y cuando lo terminé pensé, igual que Ratatuille, que cualquiera podía escribir, no tengo idea por qué una prosa compleja y tan elegante como la de la Wolf me pareció accesible, quizás fueron los arbustos o las mareas, quizás fueron los niños, no lo sé, pero creí que podía escribir como ella. Por supuesto que estaba equivocada y fracasé estrepitosamente, pero al releerlo entendí que en ese libro existe un universo que corre a un costado de la escritura y que le da mucho peso. Capas de miradas, algunas muy profundas; otras inquietantes; puertas que quedan abiertas, otras que se insinúan. En fin, es un libro de una contundencia incontestable.
¿Qué significa para ti que un libro “toque” a un lector o lectora? ¿Cómo te inspira esto?
Imagino que nos hacemos lectores cuando un libro nos habla al oído, cuando dialoga íntimamente con nuestras alegrías y pesares. Imagino que eso es que te “toque”.
A mí me gusta pensar en una relación de a dos, porque realmente es cuando ocurre la lectura. Como una especie de corriente eléctrica, de pronto, ese libro deja de ser cualquier libro y se transforma en experiencia vivida, en rincón, refugio. Y eso sí que es adictivo. Ahora, al momento de escribir no pienso en ese tipo de conversación porque si no, no escribiría nada o escribiría puras leseras. No, al momento de escribir lo que está en juego es cierto tema que me obsesiona de una manera que –siento– es perentoria, si no lo escribo, me muero o se formará un cráter en la mitad de la tierra. En fin, algo terrible pasará, algo realmente terrorífico y mi mente comienza a trabajar en pos de ese tema y no puedo pensar en nada más que eso, esa tierna obsesión mía. Por supuesto que alucino, porque escribo completamente segura de que ese nuevo libro, esa nueva historia, me hará llegar a un puerto majestuoso, de tal manera estoy prendada, que todo lo que tiene relación con ese tema, me raya. Obviamente, no pasaría nada si no lo escribo, lo sé. Pero en ese momento estoy tomada por un delirio de amor verdadero.
Has visto tus libros circular por muchos países y ser traducidos a distintos idiomas. ¿Qué crees que permanece de una historia cuando cambia de lengua y de cultura?
Creo que es una pregunta para los lectores, porque una escritora, un escritor, escribe motivado por algún tema de interés que piensa que tiene potencial de interesarle a muchas personas, es decir, pasar de lo particular a lo general, pero, por regla general, prefiero no leer las traducciones de mis libros, me dan pudor.
Lo que hice una vez y no recomiendo para nada, pues resultó un ejercicio de lo más incómodo, fue traducir uno de mis libros al portugués. Nunca me había sentido más insegura. Primero, porque no soy nativa en el portugués, lo aprendí como segunda o tercera lengua y me encanta, me gusta cómo hablo y me gusta la persona que soy en ese idioma, modulada y con una cadencia tan melodiosa, pero la traducción resultó un trabajo dificilísimo, cuestionaba cada frase, precisamente, porque quería que el libro dijera lo que había dicho en castellano, que fuera esa lectura y no otra. Y después de sufrir un montón, me di cuenta de que era absurdo, porque cualquier libro lleva el germen de ese equívoco, vale decir, ser leído de cualquier manera, porque son los lectores quienes cierran el libro. De algún modo, se termina de escribir ahí, en esa lectura y lo que pase por la mente de ellos, no tiene mucho que ver con la escritora o escritor.
Desde tu experiencia como escritora, docente y tallerista, ¿qué necesitamos hacer para que la lectura vuelva a ser una experiencia de encuentro y no una obligación?
Volver a contar historias, imagino, boca a boca, creer en el poder de la oralidad, esos primeros relatos que nos contamos junto al fuego, por allá, en la era de las cavernas y, por muy lejanos que nos parezcan, la literatura se mueve en ese comidillo, creo que ha sido un error delimitarla al ámbito académico, darle una maquillada de solemnidad, hacerla aparecer como algo sabihondo y lejano, cuando es orgánica y colectiva, además de muy material, porque se escribe con el cuerpo y con las manos, así como se lee con el cuerpo, los ojos, las manos y en ese traspaso, en esos cuerpos que escriben y leen, suceden un millón de conexiones y trazas que son interesantes como experiencia. Y para motivar ese tipo de adicción, no se necesita más que ser una buena lectora o un buen lector.
¿Crees que le falta algo a la literatura infantil que se hace hoy en Chile?
Creo que la literatura infantil y juvenil tanto en Chile como en Latinoamérica está en un buen momento. Evidentemente, si nos comparamos con coreanos o japoneses, que, en mi opinión, son los mejores creadores de libros para niñas, niños, adolescentes y jóvenes en este momento, puede que nos falte algo de sutileza en la narración o apreciar el silencio como elemento integral del relato y de la ilustración, una elegancia que le da ese sentido tan propio, único. O en el “ver aparecer”. Porque los orientales, creo yo, se mueven en el mundo de la literatura infantil y juvenil como si estuviesen produciendo haikus todo el tiempo, esto quiere decir, como si anclaran su universo a la observación desprejuiciada de la realidad. Una observación que, por fuerza de mirar, conduce a descubrir algo extraordinario.
Si tuvieras que elegir un libro que acompañe este momento que estamos viviendo, en Chile y en el mundo, ¿cuál sería?
Depende de las profundidades que cada quien esté dispuesto a habitar, porque los libros, a veces, son como esos problemas matemáticos a que los que toca entrar con ánimo de atleta y mente despejada, por ejemplo, el libro de Jonas Mekas, Ningún lugar adonde ir, que reúne sus diarios en el exilio (estuvo prisionero en distintos lugares de Europa durante la Segunda Guerra), nos conduce a espacios oscuros, pero que resultan sumamente luminosos a la postre, precisamente por la miseria que revelan. Esa máxima de que uno aprende más de sus errores y fracasos que de los aciertos y éxitos se hace vívida en sus páginas. Sus miedos, preguntas, las experiencias de falta de humanidad o egoísmo, muestran sin miramientos hasta dónde podemos llegar cuando ahondamos en nuestras oscuridades.
En ese aspecto, también es recomendable, La lengua del Tercer Reich, del filólogo alemán Victor Klemperer o La arena entre los dedos, diarios de la filósofa Chantal Maillard. En fin, ninguno de estos libros es de lectura fácil, en el sentido de que obliga al lector a inquietarse, hacer una lectura crítica, a cuestionar su propia forma de pensar. Y me parece que necesitamos mucha reflexión hoy en día, detenernos a pensar para dónde cresta vamos.
¿Qué libro le regalarías hoy a una niña o un niño que necesita descubrir una nueva forma de mirar el mundo?
No me gusta mucho reducir los universos lectores, ya lo he dicho, porque creo firmemente que la lectura es tremendamente personal y que los libros nos hablan al oído, generan una conversación de a dos, entonces, puedes dar un mismo libro en un salón de clases y si son 20, 30 o 40 niñas o niños, tendrás 20, 30 o 40 opiniones distintas.
Pero, voy a responder por mí, pues cuando chica me hubiese gustado leer Mi pequeño, de Germano Zullo y Albertine; El ángel del abuelo, de Jutta Bauer; Matador de Wander Piroli y Odilon Moraes y, especialmente, Pas belle de Claude K.Dubois, un libro muy bonito que habla sobre autoestima o autopercepción, una temática cada vez más gravitante en el universo infantil y adolescente, sobre todo, con la masificación de las redes sociales. Claro que todavía no tiene traducción al castellano, pero debiera tenerla.
Paula Gajardo tiene una vocación profunda por la educación, desde pequeña supo que quería dedicarse a enseñar y en este viaje personal, la literatura ha estado siempre presente. En esta entrevista comparte su mirada de la literatura infantil desde una doble perspectiva, como directora de una escuela y voluntaria de la Biblioteca Libroalegre.
¿Cómo empieza tu vínculo con la Literatura Infantil y Juvenil?
Desde joven me gustaban los libros, me gustaba leer. Leía cuentos, historias, porque sentía que podía introducirme en esos mundos e imaginar a los personajes, vivir sus aventuras ser parte de ellas. Con el tiempo, ese interés se transformó en un vínculo especial con la literatura infantil y juvenil, descubrí que esas historias no sólo entretenían, sino que también me enseñaban.
¿Recuerdas algún libro que te haya marcado de pequeña?
No diría que hubo un libro que me marcara especialmente cuando era pequeña, pero sí recuerdo con mucho cariño la colección de Papelucho. Seguí cada una de sus historias, me parecían entretenidas, me divertía leerlas y siempre despertaban mi curiosidad. Disfrutaba mucho su forma de ver el mundo y esperaba con entusiasmo descubrir qué aventura viviría en el siguiente libro. Creo que Papelucho despertó mi gusto por la lectura.
¿Cómo conectas vocación por la educación y promoción de la lectura?
Desde que tengo memoria sentía que quería ser educadora de párvulos. De pequeña me gustaba mucho jugar con niños más chicos que yo, jugaba a la profesora. Iba a buscar lápices, cuadernos, pizarra y organizaba mi sala de clases y creaba actividades para ellos. Mirando un poco hacia atrás, creo que esa era mi manera de expresar una vocación que ya habitaba en mí.
Con el tiempo comprendí que ese deseo no era sólo enseñar sino también aportar a una forma distinta de educar. Siempre soñé con una educación más cercana a las niñeces donde el juego fuera un lenguaje principal, el afecto se expresara con libertad y respeto, y donde cada niño y niña pudiera sentirse visto, escuchado, valorado. Esa convicción me ha guiado durante este camino y sigue estando presente en todo lo que hago.
Respecto a la promoción de la lectura, los cuentos nos permiten conversar sobre las emociones, hacernos preguntas, reír, soñar y mirar el mundo con otros ojos. Cada vez que comparto una historia siento que también estoy construyendo un vínculo, sembrando curiosidad y ofreciendo un espacio seguro donde la imaginación pueda florecer. Creo profundamente que cuando un niño o una niña descubre el placer de leer desde el cariño, desde el juego, desde el asombro, ese regalo puede acompañarlo toda la vida. Ser parte de ese descubrimiento es, sin duda, uno de los mayores privilegios de mi profesión y lo agradezco día a día.
¿Qué papel crees que cumple hoy la literatura infantil y juvenil en la formación?
Creo y, sobre todo, siento que la buena literatura infantil y juvenil cumple un papel fundamental en la formación de niños, niñas y jóvenes a través del placer de la lectura. No sólo desarrollamos la imaginación y la creatividad, sino que también adquirimos conocimiento, fortalecemos el pensamiento crítico, aprendemos a comprender mejor el mundo y a los demás. La lectura creo que nos entrega herramientas para crecer como personas y nos da la libertad de pensar, imaginar, cuestionar y de construir nuestras propias ideas. Por eso considero que fomentar el acceso a una literatura de calidad desde la infancia es una manera de formar lectores, pero también personas más sensibles, reflexivas y empáticas.
¿Cómo incorporan la lectura y la literatura en la vida cotidiana de la comunidad educativa Andalicán?
La lectura y la literatura son un eje fundamental del proyecto educativo Andalicán. Este trabajo comienza desde el jardín infantil: el gusto por la lectura se cultiva desde los primeros años de vida. Cada día, tanto en el jardín como en la escuela, compartimos la lectura de un libro con las niñeces. Además, cada dos semanas renovamos nuestra selección de libros en préstamo de la biblioteca Libroalegre, lo que nos permite ofrecer constantemente nuevas historias y experiencias literarias. Nuestro propósito es que la lectura forme parte de la vida cotidiana de la comunidad educativa, generando espacios de encuentro, de imaginación, conversación, aprendizaje, porque más que una actividad académica, buscamos que los niños vivan la literatura como una fuente de disfrute, de curiosidad, de descubrimiento y de encuentro con otros.
¿Cuáles son los proyectos o iniciativas de Escuela Andalicán hoy?
Nuestro proyecto pone en el centro a las niñeces; eso es lo más importante, respetamos sus intereses, sus ritmos, sus formas únicas de aprender, y cada día compartimos un momento de lectura.
También tenemos un taller semanal de radio donde nuestras niñeces crean contenido, expresan sus ideas y desarrollan habilidades de comunicación. Ese trabajo lo compartimos un domingo al mes en la Radio Placeres, lo que permite a los niños y niñas centrarse en lo que están haciendo, en sus opiniones, y sentirse parte activa de la comunidad.
Otro proyecto muy significativo es el taller de música en el que cada uno de los niños elige un instrumento y lo trabaja durante todo el año, en un proceso de aprendizaje que fortalece la perseverancia, la creatividad y la creación artística. Más que enseñar contenido, buscamos construir como comunidad, una comunidad en la que cada infancia se sienta vista, escuchada y valorada.
¿Qué opinas de la labor de Libroalegre?
Nuestro vínculo con Libroalegre se ha construido durante más de 10 años y nace desde el reconocimiento del valor que tiene la biblioteca como espacio cultural para las infancias. Cada martes la visitamos con un grupo de niños y este vínculo, sostenido en el tiempo, hace que la biblioteca forme parte de las experiencias significativas de aprendizaje, fortaleciendo su relación con los libros y generando un espacio donde la lectura se transforma en una vivencia compartida.
¿Cómo fue tu experiencia como voluntaria en Libroalegre?
Fue profundamente enriquecedora, pude participar en distintas actividades de mediación lectora en espacios muy diversos, como el hogar de niños Arturo Prat, la Escuela Árabe Siria de Playa Ancha y la cárcel de mujeres. Cada uno de estos lugares me permitieron comprender que la lectura puede convertirse en un puente de encuentro, de expresión, de esperanza, sin importar el contexto. Por eso, ser voluntaria me permitió crecer como persona, reafirmar el valor del trabajo comunitario en equipo y comprender que promover la lectura es también una forma de contribuir al desarrollo de una sociedad más participativa creativa, crítica y, por sobre todo, solidaria.
¿Qué libro infantil recomendarías para que todas las familias leyeran este año?
Es difícil, hay muchos, pero si tuviera que elegir uno, sería Detrás de Momo vive Mori. A través de sus imágenes y palabras logra mostrar de una forma muy sensible lo que puede sentir un niño cuando experimenta emociones tan intensas como la rabia, el enojo, la ira y aún no sabe cómo nombrarlas ni expresarlas; muchas veces, como adultos, nos cuesta comprender y contener esas emociones. El libro nos invita a mirar más allá de la conducta, a ser pacientes y a recordar que, a veces, esa conducta es la única forma que tiene el niño o la niña para expresar lo que está viviendo por dentro. Es un libro que abre conversaciones importantes y nos ayuda a acompañar a la infancia con más empatía y, sobre todo, con menos juicio.
¿Qué les dirías a las madres, padres y personas cuidadoras que aún no han incorporado la lectura a la vida cotidiana de sus niños y niñas?
Que nunca es tarde para incorporarla. No se trata de convertirla en una obligación, sino de crear momentos de encuentro, imaginación y conexión. Yo les diría que leer juntos, aunque sean pocos minutos al día, fortalece los vínculos afectivos, estimula el lenguaje, despierta la curiosidad y ayuda a que descubran nuevas formas de comprender el mundo.

«Traigan sus pañuelos, que muy probablemente se les quitará la vergüenza, si es que la traen».
Una invitación para niñas, niños y familias a descubrir la cueca porteña desde el juego y la música en vivo este sábado 26 de septiembre en Biblioteca Libroalegre Cerro Alegre. Inscripciones aquí.
Este sábado 26 de septiembre a las 18:00 horas, la Biblioteca Libroalegre de Cerro Alegre recibirá a Cuecas Para Chiquis, una propuesta musical que invita a niñas, niños y sus familias a acercarse a la cueca desde el juego, el humor y la música en vivo.
La presentación nace a partir de un disco de cueca porteña de reciente creación y próximo lanzamiento, cuyas canciones abordan temáticas donde la ternura, la sinceridad y el humor de las infancias se encuentran con uno de los ritmos más reconocibles de nuestra música popular.
Detrás de la propuesta está Beatriz Urtubia, quien encontró parte de su inspiración en las tradicionales ruedas de cueca del bar Liberty de Valparaíso. Allí descubrió una cueca distinta a aquella que habitualmente se presenta en contextos más formales: una expresión cotidiana y viva, construida entre cantores, instrumentistas y bailarines.
“Me percaté de que la cueca que vive entre cantores, instrumentistas y bailarines, con ‘ropa de calle’, es principalmente un juego: poético, musical y danzarín, con reglas y mucha destreza de por medio”, cuenta Beatriz.
Desde esa experiencia surgió la inquietud por crear música que permitiera a los más pequeños disfrutar y conocer esta tradición, con la proyección de desarrollar también material pedagógico y experiencias de mediación que acerquen el juego de la cueca a las escuelas.
Pero Cuecas Para Chiquis no es solo para chiquis. La propuesta busca reunir a distintas generaciones a través de composiciones que dialogan con la tradición de la cueca porteña e incorporan nuevos temas y miradas, interpretadas por músicos vinculados al género.
La invitación en Libroalegre será a construir la fiesta entre músicos y público, conocer algunas curiosidades de la cueca y, por supuesto, dejarse llevar por el ritmo.
“Traigan sus pañuelos, que muy probablemente se les quitará la vergüenza, si es que la traen”, invita Beatriz.
Cuecas Para Chiquis se presentará el sábado 26 de septiembre, a las 18:00 horas, en la Biblioteca Libroalegre Cerro Alegre, San Enrique 339A, Valparaíso.

La Biblioteca LibroAlegre invita a toda la familia a participar de su cartelera de actividades para estas Vacas Invernales, una programación especial de vacaciones de invierno que ofrecerá actividades gratuitas para niñas, niños y sus familias entre el 24 de junio y el 4 de julio en su sede de Cerro Alegre, en Valparaíso. Durante dos semanas, la biblioteca abrirá sus puertas para compartir jornadas de narración oral, cine, juegos de mesa y magia, promoviendo el encuentro familiar y el acceso a la cultura a través de experiencias inspiradas en la literatura infantil y juvenil.
La iniciativa busca fomentar la lectura y la imaginación mediante actividades participativas dirigidas a públicos desde los cuatro años de edad. La programación contempla adaptaciones de reconocidas obras literarias, espectáculos artísticos y espacios de juego que invitan a disfrutar de las vacaciones de invierno en comunidad. Esta iniciativa es parte del Plan de Gestión de LibroAlegre financiado por el Programa de Apoyo a Organizaciones Culturales Colaboradoras, Convocatoria 2026, del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio.
Saskia Klosius, Coordinadora de la Bibioteca LibroAlegre de Cerro Alegre invitó a disfrutar en familia estas Vacas Invernales: “durante estas vacaciones de invierno hemos preparado una variada programación cultural con tardes de cuentos, cine, juegos y magia para pequeños/as y grandes lectores. La invitación es a compartir tardes agradables en un espacio acogedor durante los días fríos en torno a una gran colección de libros infantiles y juveniles. Se trata de actividades gratuitas para niños, niñas, jóvenes y sus familias previa inscripción”.
La programación de las Vacas Invernales comenzará el miércoles 24 de junio con una nueva edición de Melodía de los cuentos, dedicada a la historia “Cuando a Theodoro Thomson le crecieron alas”, del escritor e ilustrador danés Kim Fupz Aakeson. El jueves 25 se exhibirá el cortometraje animado “El grúfalo” (Reino Unido – Alemania, 2009, 27 min.), basado en el libro de Julia Donaldson, mientras que el viernes 26 las familias podrán disfrutar de una tarde de juegos de mesa. La primera semana culminará el sábado 27 de junio con el espectáculo “Magia para todos” de Marcus Magus.
La segunda semana se iniciará el miércoles 1 de julio con la lectura de “El libro en que la gallina muere al final” de los autores canadienses François Blais con ilustraciones de Valérie Boivin, seguida el jueves 2 por la exhibición de los cortometrajes “Tres cuentos de Beatrix Potter” (Reino Unido, 1992, 25 min.). El viernes 3 de julio volverán los juegos de mesa para toda la familia y el ciclo cerrará el sábado 4 de julio con “Ilusiones para compartir, espectáculo a cargo del mago Fran Leclerc.
Todas las actividades se realizarán a las 17:00 horas, para participar sólo debes inscribirte en el siguiente formulario: https://forms.office.com/r/51aYhptiuh y en el Instagram @LibroAlegre.
Programación
Miércoles 24 de junio | 17:00 hrs.
Melodía de los cuentos: Cuando a Theodoro Thomson le crecieron alas.
Jueves 25 de junio | 17:00 hrs.
Cine: El grúfalo.
Viernes 26 de junio | 17:00 hrs.
Juegos de mesa para toda la familia.
Sábado 27 de junio | 17:00 hrs.
Show de ilusionismo de Marcus Magus.
Miércoles 1 de julio | 17:00 hrs.
Melodía de los cuentos: El libro en que la gallina muere al final.
Jueves 2 de julio | 17:00 hrs.
Cine: Tres cuentos de Beatrix Potter.
Viernes 3 de julio | 17:00 hrs.
Juegos de mesa para toda la familia.
Sábado 4 de julio | 17:00 hrs.
Ilusiones para compartir, espectáculo del mago Fran Leclerc.
Hoy conversamos con María Isabel Molina, periodista de la Universidad Diego Portales, magíster en Sociología por la Universidad de Chile y editora de Grafito Ediciones. Desde 2013, Grafito Ediciones se ha consolidado como un sello especializado en libros ilustrados para niños, niñas y adultos, destacándose por publicar obras que exploran las múltiples posibilidades de la ilustración y promueven una mirada crítica y sensible sobre el mundo que nos rodea.
Recientemente, junto a ONG Libroalegre, presentó la primera edición en idioma español de El mono Osvaldo, del reconocido autor danés Egon Mathiesen, una reedición que invita a nuevas generaciones a descubrir un clásico de la literatura infantil europea.
En esta entrevista conversaremos sobre el trabajo editorial de Grafito, la importancia de rescatar y difundir libros ilustrados de calidad, y el valor que tienen historias como El mono Osvaldo para conversar con las infancias sobre la importancia de oponerse a situaciones injustas.

¿Cómo se inicia tu relación con los libros y decides crear una editorial?
Desde muy pequeña me gustaba mucho leer e ir a la biblioteca de mi colegio. Después, estudié periodismo porque me interesaba la creación de textos, pero relacionados con la realidad (por decirlo de alguna manera). Finalmente, cuando abrimos PLOP! Galería, tuve la posibilidad de crear una editorial en la que mi objetivo era explorar la publicación de libros que me parecían interesantes desde la perspectiva de la ilustración contemporánea y la reedición, entre otros elementos.
¿Hay algún libro que te haya marcado en tu infancia? ¿Por qué?
Me gustaba mucho La Porota, de Hernán del Solar. Me encantaba la aventura que vivía la protagonista junto a Mimí (su muñeca), quien cobraba vida y la llevaba al mundo secreto de los juguetes. Fue un libro que releí muchas veces en mi infancia y aún tengo ese ejemplar, todo rayado y pintado.
¿Qué rol cumple hoy la literatura infantil dentro de la formación cultural y emocional de las infancias?
Me parece que al igual que antes, sigue siendo una experiencia estética llena de matices, su rol es entregar belleza, complejidad y darnos la posibilidad de explorar diversas situaciones humanas sin vivirlas en primera persona. Es un espacio para acercarse con curiosidad y libertad y, quizás, aprender algunas cosas para la vida. No me gusta considerar que la literatura infantil debe necesariamente tener un rol aleccionador, pero sí orientador, en el sentido de ofrecer perspectivas.
¿Cómo ves hoy la relación de niñas y niños con los libros y la lectura?
No es una relación todo lo masiva que me gustaría, pero sigue siendo significativa para quienes logran conectar con ella. Observo que hay grupos de niños y niñas que disfrutan la lectura, conocen diversos autores y autoras, se emocionan con los libros y pueden hacer cruces entre historias de libros y/o películas, además prestan mucha atención a los detalles y se interesan por conocer más libros y conocer a otros y otras a través de los libros. Eso es muy inspirador.
¿Qué elementos caracteriza a un buen libro infantil?
La libertad para encarar tanto el texto como la ilustración. Creo que debe considerar a los niños y niñas como sujetos que tienen curiosidad, capacidad de jugar y de crear sus propios mundos.
¿Qué potencial tiene la literatura infantil para abordar temas sociales, comunitarios o de memoria?
Me parece que la literatura infantil puede dar orientaciones, contextos, pistas y, sobre todo, puede dar testimonio de lo que pasa en la actualidad o lo que pasó en algún momento del pasado. La literatura infantil no es neutral respecto a la política, entendiendo esta como las ideas y conceptos que creamos en torno a la sociedad y cómo podemos o queremos construirla.
La misma idea de infancia se cuela en cada libro infantil; ya sea en qué tipo de ilustraciones, textos, tonos o mensajes se entregan en ese libro; en todo este conjunto se puede apreciar o deducir un posicionamiento con respecto a la infancia, la sociedad, etc. Creo sin duda que puede ser un espacio para mezclar la belleza con la memoria y por qué no, el futuro.
Cómo editora, al enfrentar la selección de libros ilustrados, ¿qué equilibro buscas entre los relatos, las historias, y la ilustración?
Me importa mucho que la ilustración sea expresiva y tenga un carácter propio, sobre todo en esta época en que las imágenes se han vuelto tan parecidas entre sí (debido a las redes sociales y a la IA), que la historia se aleje de elementos pedagógicos muy explícitos y que el texto sea una invitación a vivir el lenguaje de una manera lúdica o poética, o alguna variación más allá de lo denotativo.
¿Qué papel cumplen las familias, escuelas y organizaciones comunitarias en la formación de lectores?
Son fundamentales para que los niños y niñas tengan a acceso a variedad y calidad en la lectura. Que puedan acercarse a los libros con curiosidad y libertad, que puedan escoger lo que les gusta incluso si a los adultos/as no nos parece, porque lo importante en mi opinión es que vayan probando hasta encontrar aquellos libros con los que puedan disfrutar la lectura.
Recientemente editaron El Mono Osvaldo y lo lanzaron en la Biblioteca Libroalegre, ¿qué fue lo primero que te llamó la atención de esta obra?
Cuando conocí este libro me gustó mucho la vigencia de este texto en cuanto a su dimensión más política, pero también el uso del lenguaje, tan musical y gracioso, con algunas travesuras, pero también directo. Ese ¡No! es el núcleo del libro; pero se combina con una ternura y humanidad muy evidentes. Y por supuesto las ilustraciones atemporales, cargadas de color, pero con uso del blanco que las hace resaltar aún más.
¿Por qué consideras importante publicar este libro hoy?
El mono Osvaldo es un libro que cobra vigencia en la actualidad porque hay ciertos discursos y personajes que son muy dominantes y que apenas se pueden contrarrestar; entonces es importante que las infancias sepan que pueden decidir restarse y/o oponerse a ellos si lo creen necesario. Pero también es un libro que invita a jugar con el lenguaje, a confiar en la comunidad, a disfrutar sus maravillosas ilustraciones.
¿Qué tipo de conversaciones esperas que abra El Mono Osvaldo en sus lectores?
Espero que sea una invitación para los lectores y lectoras para intercambiar puntos de vista sobre qué pasa cuando algo ya no nos gusta, cómo nos organizamos o cómo nos gustaría que nos trataran y cómo tratar a otros.
Finalmente, ¿cuáles son los últimos libros que han incluido en su catálogo?
Hemos sacado No soy tuyo, un álbum escrito por Cristóbal León con ilustraciones de Cristina Sitja Rubio, que es un libro que también aborda la libertad, pero desde los vínculos. Sus ilustraciones son muy originales y expresivas. Otro libro que saldrá pronto es El club de los diferentes, de Marta Carrasco. Es una historia que habla de la diversidad y de la posibilidad de encontrar a otros similares en esa multiplicidad de formas de vivir la vida.
Libroalegre y Gerópolis invitan a ser pate del «Club de Lectura 4 Gatos Mayores: recuerdos al abrigo de los cuentos», un espacio especialmente pensado para personas mayores, donde compartiremos historias, conversaciones y momentos de creación colectiva. Este ciclo está dedicado a Antony Browne, por lo cual se realizarán lecturas en voz alta de sus cuentos ilustrados, acompañados de conversación, reflexión y una actividad creativa de expresión.
Temas como la soledad, los miedos y las clases sociales será compartidos en un ambiente cálido, de confianza e inspiración entre quienes participan.
Las lecturas seleccionadas son:
Gorila
El túnel
Paseo en el parque
Si deseas participar, envía tus datos (nombre completo, teléfono y comuna) al mail geropolis@uv.cl, al WhatsApp +569 3220 5380 o llamando al teléfono fijo: (32) 2507703.
¡Les esperamos para encontrarnos al abrigo de los cuentos!
La Biblioteca Libroalegre celebra el mes del libro con actividades en organizaciones comunitarias y escuelas de Valparaíso. El jueves 23 de abril se realizará una visita para leer a estudiantes de la Escuela Salvador del Cerro Cordillera, y a las 16:30 habrá una tarde de lecturas junto a niños, niñas y sus familias en la Biblioteca de Cerro Alegre. El viernes 24 de abril, de 11:00 a 13:00 hrs., Libroalegre participará en la Feria del Libro de Espacio Santa Ana, para finalizar el sábado 25 de abril con el lanzamiento del libro El Mono Osvaldo, de Grafito Ediciones, que además contará con la participación del destacado músico del grupo Congreso Pancho Sazo. Esta programación cuenta con el financiamiento del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio a través de su Programa de Apoyo a Organizaciones Culturales Colaboradoras.
Para participar en la tarde de lecturas del 23 de abril, sólo hay que inscribirse en un formulario online que está disponible en las RRSS de Libroalegre. Además, quienes participen ese día leyendo, serán incluidos en el sorteo de un libro del catálogo de la biblioteca.
El viernes 24 de abril, entre las 11:00 y las 13:00 horas, se realizará la tercera versión de la Feria del Libro del Espacio Comunitario Santa Ana, en calle Balmes, Cerro Cordillera. La jornada contemplará una feria de libro, talleres de fanzine, participación de organizaciones comunitarias, muestra de cortometrajes, cuentacuentos y la presentación del poeta Lino del Valle. Además, contará con la visita de estudiantes de la Escuela República de El Salvador y la Escuela Blas Cuevas. Entre los stands confirmados se encuentran LibroAlegre, el Museo Fonck, la Escuela República de El Salvador, el CESFAM Cordillera, la OMZ Cordillera y el Espacio Santa Ana, con sus salas gráfica y Ayni.
Lanzamiento de El mono Osvaldo
Las actividades de la semana culminan el sábado 25 de abril con el lanzamiento del libro El mono Osvaldo, del autor e ilustrador danés Egon Mathiesen, editado por primera vez en español por Grafito Ediciones. Se trata de un clásico de la literatura infantil, publicado en 1947, en la Dinamarca de la posguerra. Trata sobre un mono que vive en un bosque maravilloso junto a otros muchos monos, hasta que un mono más grande rompe la armonía y empieza a ejercer la tiranía sobre el resto. La presentación del libro contará con la participación del músico del Grupo Congreso Pancho Sazo, quién leerá el cuento e interpretará su música. También se compartirá un cóctel con los asistentes.
La publicación de este clásico danés en Chile fue impulsada por Anne Hansen, fundadora de las Bibliotecas Libroalegre. El mono Osvaldo es un cuento que habla sobre abuso de poder y resolución pacífica de conflictos en un lenguaje lúdico y cercano a los niños más pequeños, que además de reírse por los juegos de palabras inventados por su autor, identifican con claridad el conflicto profundo que plantea el cuento. Anne explica que los mejores críticos de El mono Osvaldo son las infancias: “los mejores jueces de un libro son los niños. Cuando les lees este libro, se ríen de verdad, y eso quiere decir que el libro es bueno. Queríamos que el libro se publicara en Chile y que los niños chilenos pudiesen reírse también”.
Sobre Egon Mathiesen, autor e ilustrador de cuentos, Anne explicó que “era un profesor de escuela normalista, y su deseo era dar un espacio de enseñanza grato a los niños. Eran los años 40 y, en esa época, un profesor trabajaba con el mismo grupo de niños durante periodos de 5 a 10 años, por lo que llegaba a conocerlos muy bien. El material que usaban en ese tiempo para enseñar a leer estaba enfocado principalmente en la gramática, lo que hacía que los niños se aburrieran. Para contrarrestar esa situación, Mathiesen y otros colegas empezaron a crear sus propios libros para llegar a los niños. Además, El mono Osvaldo aparece en 1947, cuando toda Europa estaba muy despierta por el fin de la guerra, y había un ánimo de que las pequeñas chispas del alma de los niños cayeran en tierra fértil”.
Con esta programación especial, Libroalegre reafirma su compromiso con el fomento lector y el acceso a la literatura infantil y juvenil, promoviendo espacios de encuentro donde niños, niñas y sus familias puedan disfrutar de los libros como una experiencia compartida. A través de estas actividades, la biblioteca continúa fortaleciendo su vínculo con la comunidad, invitando a participar activamente en la celebración del mes del libro en Valparaíso. La presentación de El Mono Osvaldo está dirigida a adultos y para participar en su lanzamiento, basta inscribirse en el formulario online: https://forms.cloud.microsoft/r/YcndN5avDT. Habrá cupos limitados por orden de inscripción.
Las bibliotecas Libroalegre forman parte del Programa de Apoyo a Organizaciones Culturales Colaboradoras del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, Gobierno de Chile.

La Biblioteca Libroalegre ha preparado una gran cartelera artística para celebrar el mes del Libro y el Día Internacional del Libro Infantil y Juvenil que se realiza en conmemoración del natalicio de Hans Christian Andersen. Los jueves 2 y 23 de abril se invita a participar de “Tardes de lectura en la Libroalegre” a partir de las 16:30 hrs. en la biblioteca de Cerro Alegre y desde las 17:00 hrs. en la Biblioteca de Montedónico. El sábado 4 de abril se realizará un taller de lectura y dibujo con la escritora danesa Anne Sofie Allerman. Para finalizar el sábado 25 de abril con el lanzamiento del libro “El mono Osvaldo” de la Editorial Grafito. Esta programación es financiada por el Programa de Apoyo a las Organizaciones Culturales Colaboradoras (PAOCC) del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio.
Las Tardes de lectura en Libroalegre se realizarán de manera paralela en la Biblioteca de Cerro Alegre y en la Biblioteca de Montedónico. En Cerro Alegre, se llevarán a cabo jornadas de lectura colectiva los días 2 y 23 de abril, a partir de las 16:30 horas. Por su parte, la Biblioteca de Montedónico celebrará a Hans Christian Andersen con la lectura de dos de sus cuentos, “Juan el tonto” y “La reina de las nieves”, también los días 2 y 23 de abril, desde las 17:00 horas.
“El mono Osvaldo» del escritor e ilustrador danés Egon Mathiesen es un libro que con texto simple y rítmico presenta la dictadura y su muerte vista con los ojos de un niño y realiza una metáfora sobre cómo parar el abuso sin violencia. Osvaldo es un pequeño mono que vive en la selva con muchos otros monos. Es alegre y juguetón. En la selva también vive un mono gigante que domina a todos. Osvaldo tiene que sacarle las pulgas, buscarle manzanas y hacerle de almohada cuando el gigante quiere dormir, hasta que un día Osvaldo se harta y grita ¡NO! Y más monos se suman a esta negativa, cambiando la realidad a la que estaban acostumbrados.
Saskia Klosius, Coordinador a de la Biblioteca Libroalegre de Cerro Alegre, destacó de la programación cultural por el mes del libro que: “en Libroalegre queremos celebrar y recordar la importancia de los cuentos y las lecturas compartidas en las vidas de los niños y las niñas, por eso invitamos a las familias a participar en una tarde especial de lecturas colectivas el 2 de abril en la tarde. Además, es una instancia para recordarles que recibimos grupos escolares para visitas guiadas durante todo el mes y durante todo el año”.
Las visitas a la Biblioteca para comunidades educativas se pueden agendar durante todo el año y con mayor énfasis, en el mes del libro. En las visitas se realiza una lectura con proyección de imágenes de alguno de los títulos favoritos de la biblioteca, se realiza una conversación respecto de lo leído, y se puede pintar o recorrer de manera libre el espacio. Para agendar visitas, sólo hay que escribir a bibliolibroalegre@gmail.com.
Anne Sofie Allerman y su libro sobre indentidad: “Una piedra genial”

Dentro de las actividades, se realizará un taller cerrado junto a niños y niñas de hogares de la región en el marco del lanzamiento del libro “Una piedra genial” de la escritora danesa Anne Sofie Allerman, publicado por la editorial “Muñeca de trapo”. Este trabajo se enmarca en el proyecto «Un libro un amigo» que realiza la Biblioteca Libroalegre, realizando lecturas en los hogares “María Madre” y “San Francisco de Borja”. El taller consistirá en el dibujo de la ropa del protagonista y en la ilustración de piedras que representarán animales con características poderosas para las infancias.
“Una piedra genial”, que ya está disponible para su lectura en Libroalegre, habla sobre un niño llamado Andrés que vive una jornada mágica en la playa. El hallazgo de una piedra le recuerda a un pingüino, y a partir de ahí, su imaginación se desborda: la piedra se transforma en foca, en tiburón, en estrella de circo… y en reflejo de lo que los demás proyectan sobre ella. Lo que parecía un juego se convierte, poco a poco, en un viaje interior lleno de descubrimientos.
Es un álbum ilustrado que celebra la mirada creativa de la infancia y cómo las percepciones cambian según la perspectiva de cada quien. A través de una narrativa delicada y empática, aborda temas como la construcción de identidad, el poder del juego simbólico, el coraje para enfrentar los miedos y la afirmación de la propia voz: “No me llamo Andrea, me llamo Andrés”, dice el protagonista con convicción, dando cierre a su pequeña gran transformación.
Para participar de las actividades abiertas al público en el mes de la lectura, deben inscribirse en el Formulario: https://forms.office.com/r/pfxkr7xwZ5, también disponible en RRSS. Cabe destacar que las actividades artísticas y culturales de Libroalegre son gratuitas para el público y son posibles gracias al Programa de Apoyo a las Organizaciones Culturales Colaboradoras (PAOCC) del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio. Para mayor información, puedes visitar el sitio web www.libroalegre.cl y las RRSS en Instagram @libroalegre.
En un ecosistema editorial donde la velocidad y la producción masiva parecen marcar el ritmo, el trabajo de Katia Guaquiante se sitúa en otro lugar, más lento, íntimo y profundamente ligado al oficio artesanal. Ilustradora, docente y creadora que transita entre lo textil, la narración oral y el libro-álbum, su obra se construye desde la experimentación y el cruce de lenguajes, siempre en diálogo con la educación artística.
En esta conversación, Katia recorre su trayectoria —desde la autogestión de sus primeros libros hasta la exploración escénica con Pájaras en vuelo— y reflexiona sobre los procesos creativos, el lugar de la ilustración en la literatura infantil y juvenil, y su más reciente proyecto: un libro nacido desde la tela, la memoria y la experiencia del duelo. Una propuesta que, como ella misma dice, invita a habitar “un mundo lento”, donde el dibujo y la escritura se entrelazan con la naturaleza, el silencio y la observación.
¿Cómo nace el colectivo pájaras en vuelo del que formas parte?
Somos dos personas. La Sara, que es actriz y yo, profesora de arte. Partimos en el 2018 y nos conocimos formándonos en el 2017. En el año 2018 empezamos a explorar distintos formatos de cuentería y dimos con la Crankie Box (“caja gruñona” en español), que se convirtió en nuestro sello. Tiene un mecanismo con dos ejes verticales y adentro va un lienzo que puede ser de tela o de papel, y que puede girar horizontal o verticalmente para contar la historia e ir pasando las imágenes.
Tenemos trabajos en tela y en papel y hacemos lienzos de entre 8 o 15 metros; es como mirar un mural largo, que narra la historia a través de imágenes continuas. También trabajamos con tapetes, textiles y hemos desarrollado narración oral escénica, mediación, lectora y artística, porque vemos que es importante hablar de los procesos que hemos tenido creando esos largos lienzos.
¿Y como comienza tu vínculo con la literatura infantil y juvenil?
Siempre me gustó leer, me gustaba escribir. Tenía distintas vetas, pero sentía que en ninguna profundizaba tanto. Cuando estaba haciendo un intensivo de juguete popular en México, uno de mis maestros, Álvaro, me decía que sería muy bueno que tomara la decisión de dedicarme solo a una cosa para ser realmente buena. Pero no estoy de acuerdo, creo que las personas podemos ser muy complejas y tener muchos intereses. Y la vida es larga para desarrollar todo lo que queramos.
Luego, una amiga muy querida, Lina Peralta (estaba en Barcelona haciendo un doctorado e incursionando en la literatura infantil) me contó que tenía tres cuentos que estaban relacionados con Chiloé y me preguntó si los quería ilustrar. Así nació Cuentos con Aires Chilotes. Un diseñador nos armó el libro y lo postulamos a un fondo de creación. Lo autoeditamos entre 2015 y 2016. Fue mucho aprendizaje y mucho trabajo, hicimos todo lo que implica hacer un libro, entre dos personas. Fue súper desgastante y nutritivo a la vez.
¿Recuerdas algún libro que te haya marcado especialmente de niña?
El Principito, sin duda. También leía cosas bien adelantadas para mi edad, como Los hermanos Karamázov a los 12 años. Y tengo muy presente la tradición oral, mi abuelo era un gran narrador, siempre nos contaba muchos cuentos. Recuerdo uno que pedíamos mucho con mis hermanas: “La princesa de los juncos”. Era una historia de reivindicación, en la línea de “El patito feo”, pero en versión princesa.
¿Qué elementos crees que debe tener un buen libro de literatura infantil o juvenil?
Debe invitar a explorar con curiosidad, no dar todo hecho ni ser moralizante. Eso es súper importante. No decir esto está bien, esto está mal, sino que abrir espacio para imaginar. Si bien he escrito cosas, no tengo formación en escritura, pero me gusta mucho leer. Creo que soy más consumidora de libros que hacedora de libros. Igual que de imágenes. Soy súper consumidora de imágenes. Pero creo que es importante que inviten al lector a hacerse su idea del libro.
Especialmente me encanta la poesía, por sus múltiples interpretaciones, tiene un ritmo y no propone una idea acabada. Me encantan Cuando fuiste nube y Un mundo raro, ambos de María José Ferrada.
Este año ganaste la beca de creación del Fondo del libro con un proyecto escrito e ilustrado por ti.
Sí, la idea nace como una crankie box. Es un cuento que empecé a ilustrar en máquina de coser. Y a medida que iba armando las imágenes, iban saliendo las palabras. Fue un proceso súper distinto a otros procesos que había realizado. Es un lienzo de casi 20 metros que he narrado más de cien veces. Una historia sobre la muerte, pero muy viva. Se va transformando con el público, con sus reacciones.
Después quise llevarlo al formato libro, manteniendo el trabajo textil. Para postular, hicimos fotografías cenitales del lienzo completo. Lo presenté tres veces: las primeras dos lo rechazaron y la tercera fue seleccionado. Y casi no hice cambios, lo que también te habla de lo subjetivo que es todo. En el proceso de este año voy a rehacer algunas imágenes, quiero rehacer la portada, enfatizar el trabajo manual bordando con bastidores.
¿De qué trata la historia?
El Jardín Violeta se llama el libro. Es sobre la pérdida, el duelo, la muerte. Es la historia de una niña pequeña que vive al lado de la abuela y pasa mucho tiempo con ella. Se acompañan un montón, conversan harto y cuidan un jardín muy lindo que tiene la abuela y que se ve desde la ventana de la casa de Violeta. Hablan con las plantas, las riegan y el jardín marca el vínculo entre las dos. Un día la abuela se enferma y Violeta la va a cuidar. Pasa el tiempo y la mamá le dice que la abuela ya no está más, que empezó un viaje, que ya no le duele el cuerpo y que se transformó en una garza. Violeta no está contenta, no ace
pta la muerte de la abuela. Vive la pena desde su lugar de niña, sin entender tanto, pero se empieza a abuenar con esta idea de transmutación, de que la abuela está en otro lugar al final y está mejor.
En el 2022 salió la primera idea, el año que murió mi abuela; un poco antes habían atropellado a mi gato afuera de mi casa, y en agosto murió mi papá. Me tocó vivir la muerte de manera muy fuerte y también con un deseo muy como de niña, que quiere creer que hay algo más, que no somos sólo esto. Tampoco intento decirle a la gente que crean en algo más allá de la muerte. Porque ¿quién soy para hacer eso? Pero a mí, al menos, me ayuda a vivir mi propio duelo.
¿En qué otros proyectos de ilustración has participado?
Después ilustré Mi Papá no tiene pelo, lo hicimos y lo presentamos al concurso de Chile Crece Contigo y ellos hicieron una edición digital que quedó súper bonita. Y también Un botón perdido en la biblioteca, que se editó en Bolivia, ambos son textos de Lina Peralta. Otro es Crónicas de la cuadrilla, que son cuentos para adultos, y el libro Humedales de la editorial Vuelo sur, microeditorial que se dedica a lo textil.
También soy parte del proyeco “Proplegables”, una publicación tipo fanzine que promueve la flora nativa y juega con los pliegues, generando volumen al desplegarse. Mi rol es principalmente como ilustradora, explorando por primera vez el mundo de las plantas, semillas y árboles. No me considero una ilustradora botánica, mis imágenes son más bien sencillas, hechas a mano con lápiz y acuarela; pero hay mucho trabajo detrás: ensayo y error, pruebas que no quedan, decisiones que se afinan. De muchas ilustraciones, finalmente se seleccionan solo algunas. Es un proceso colectivo muy enriquecedor, donde también se hace evidente lo complejo que es diseñar un formato con tantos pliegues y capas.
¿
Con qué técnicas trabajas?
Todo análogo, todo a mano. Cuando hay que cambiar la más mínima cosa, tengo que hacer todo de nuevo, de cero. Hay momentos en los que me he cuestionado si debería aprender lo digital, y siempre me he dicho que no voy a aprender lo digital, que mi trabajo es análogo, va a ser a mano, va a ser con la máquina de coser, con la aguja, con el papel y la tinta. Me hace mucho sentido , sobre todo en este tiempo. No me gusta la era digital que vivimos, me gusta lo lento. Me gustan también los trazos del lápiz de palito, me encanta cómo quedan esas imperfecciones.
¿Cómo ves el libro-álbum en el Chile de hoy?
En los últimos años ha habido un boom del libro-álbum y de nuevas editoriales, lo que encuentro muy maravilloso. Me gusta mucho también que el ilustrador haya tomado un rol mucho más protagónico y horizontal con quien escribe. Y también que mucha gente de la ilustración se haya pasado al mundo de la escritura. Creo que eso es muy bonito.
Y me parece que los niños pequeños hoy día leen mucho más que cuando yo era niña. Cuando yo era niña, prácticamente no se leía, y las personas que leíamos éramos unos bichos raros.
¿Cuáles son tus ilustradoras o ilustradores favoritos?
Hay grandes referentes en Chile, como la Paloma Valdivia, que es una seca. La Karina Cocq es una tremenda. Son personas que también se plantean en el mundo desde la humildad. Está Sebastián Ilabaca. Y a nivel internacional me encanta Benji Davis, me fascina en Argentina Jael Frankel, y también hay una chica que hace ilustraciones con papel calado, Paz Tamburrini, que tiene un personaje que se llama “Diminuta”. Encuentro súper atractiva la ilustración cuando sale del formato papel tinta o papel pigmento, cuando son collage, tela.
¿Cómo conociste la biblioteca Libroalegre?
En unas capacitaciones para profesores de Lenguaje en el Liceo Marítimo, donde trabajaba en gestión cultural escolar. Ahí me encontré con el equipo y me llamó mucho la atención su trabajo, su mirada sobre la infancia y la literatura, y también su forma de gestión.
Nos vinculamos sobre todo a través de la revista Calcetín con papa, que en ese tiempo impulsaba iniciativas muy bonitas, como el intercambio de cartas con niños privados de libertad. Me parecía muy potente esa forma de generar vínculos y comunidad desde la lectura y la escritura. Tomamos esa metodología en el colegio y desarrollamos una revista escolar durante varios años, con una lógica muy participativa: los estudiantes escribían, editaban, corregían y diseñaban. Fue un proceso súper significativo, muy coherente con esa idea generosa y abierta que yo veía en Libroalegre.
Desde sus primeros recuerdos rodeada de libros, hasta su actual trabajo como autora, ilustradora y mediadora, Gabriela Germain ha construido una trayectoria donde la imagen y la infancia dialogan con profundidad y delicadeza. Con formación en Diseño Gráfico y un Diplomado en Ilustración en la PUC, ha publicado ocho libros y colaborado con destacados autores nacionales, consolidando una voz propia en la literatura infantil chilena. Además, es vicepresidenta de IBBY Chile, la Organización Internacional para el Libro Infantil y Juvenil. En esta conversación, reflexiona sobre los desafíos del ecosistema del libro en Chile, la paciencia que exige el oficio creativo y su convicción de que las buenas historias, aquellas que atrapan el silencio atento de los niños, son el corazón de todo gran libro.
Comenzó en mi infancia, porque tuve la fortuna de crecer con padres que le dieron espacio a la fantasía, a los libros y al arte.
La primera vez que recibí un pago por mis dibujos estaba todavía en la universidad. Fue un período en que dibujé mucho, pero luego hice una pausa larga para dedicarme a la crianza, al diseño gráfico y a la docencia.
Más tarde me reencontré con el dibujo, tomé varios cursos e hice el Diplomado de Ilustración en la PUC. Después publiqué mi primer libro, Cuando el viento sopla fuerte, y desde entonces me he dedicado a hacer libros. Paralelamente, he fortalecido mi vínculo con la infancia dando talleres, contando cuentos en Kamishibai y haciendo mediación lectora. Un trabajo que hoy me motiva aún más desde la vicepresidencia de IBBY Chile.
¡Hubo muchos! Hace unos días, buscando libros en una biblioteca, me encontré casualmente con un compendio empastado de Fabulandia y, por un instante, volví a mi niñez.
Guardo un cariño especial por algunos libros alemanes que me marcaron profundamente. Recuerdo Struwwelpeter, con la impresionante imagen de la pobre Paulinchen convertida en un montón de cenizas y su gato llorándola. También Wichtelhausen (Casas de duendes), donde duendes, ratoncitos, ranas, pajaritos e insectos habitaban diminutas viviendas construidas en los hongos y árboles de unos bosques maravillosos. Y no puedo dejar de mencionar Die Himmelswerkstatt (La fábrica del cielo), que mostraba la vida de los angelitos preparando la Navidad y fabricando los juguetes que luego recibiríamos aquí en la Tierra. Eran libros para mirar y volver a mirar. Sus ilustraciones, llenas de vida y preciosos detalles, quedaron para siempre grabadas en mi alma.
Pienso que un buen libro es el resultado de un trabajo en equipo. No basta con un buen texto si no hay buenas ilustraciones, edición cuidada, diseño y una factura de calidad. Pero incluso considerando todo eso, el éxito de un libro depende, principalmente, de que cuente una buena historia.
Cuento muchos cuentos y adoro sentir el silencio que se produce cuando aparece algo en la historia que atrapa a los niños. Sus ojos se abren y se quedan quietos, hasta que logran soltar la reacción que la escena les provoca. Son momentos breves, pero mágicos, en que todo adquiere sentido y puedo sentir una conexión poderosa con esa mirada abierta, pura e inocente de la infancia.
Lo he dicho en algunas charlas para estudiantes: se necesita alta tolerancia a la frustración, porque es una carrera en la que se reciben muchos rechazos y los proyectos a veces demoran muchísimo en concretarse.
La paciencia y la determinación me parecen tan importantes como las habilidades para el dibujo. Y, por supuesto, considero vital mantener la capacidad de jugar, contar, interesarse y relacionarse genuinamente con la infancia.
Creo que lo que hoy llamamos el ecosistema del libro, que abarca a autores, editores, impresores, distribuidores, libreros, lectores, bibliotecarios y mediadores, vive un momento especialmente fértil. Existen importantes reconocimientos internacionales y un aumento notorio en la producción de libros de gran calidad.
Sin embargo, buena parte de estos logros se ha alcanzado gracias al enorme esfuerzo, la convicción y el compromiso de quienes integramos esta cadena. El Estado ha contribuido significativamente a este desarrollo, pero aún enfrentamos desafíos importantes. Uno de ellos es fortalecer la proyección internacional del libro chileno con mayor presencia en ferias y eventos internacionales, traducción de nuestras obras, venta de derechos, intercambio profesional y participación activa en redes globales. Chile produce libros de buena calidad y debería tener una presencia mucho más visible y sostenida en el escenario internacional.
Al mismo tiempo, no puedo dejar de pensar en la desigualdad territorial. En Chile no todos los libros ni todos los autores llegan a todo el país. En ese sentido, confío en que se profundicen y fortalezcan las políticas públicas, especialmente a través del incremento de las compras estatales, que considero una de las herramientas más eficaces para garantizar el acceso equitativo a los libros a lo largo de todo el territorio.
Mi camino comenzó en el Diseño Gráfico. Estudié, trabajé y fui profesora en esa área, y creo que esa base ha sido fundamental en mi trabajo como autora e ilustradora. Me dio herramientas concretas, como comprender la relación entre los elementos en la página y manejar conceptos como secuencia, ritmo, peso visual y legibilidad. También me vinculó profundamente con la materialidad del libro, el papel, la imprenta y los procesos que lo hacen posible.
Esa formación ha sido especialmente valiosa cuando trabajo con textos de otros autores. El diseño suele partir de un encargo, lo que implica un ejercicio riguroso de estudio, observación y comprensión del tema.
Sin embargo, a la hora de imaginar la historia, pensar las escenas y crear las imágenes, desde el storyboard en adelante, entro de lleno en mi territorio como ilustradora. Allí soy autora de una parte esencial del relato. Mi mirada y mi subjetividad se integran a las imágenes y pasan a formar parte del todo.
Sí, han sido procesos desafiantes que he podido asumir porque en todos los casos he comenzado por enamorarme del texto. Paulina Jara, César Sandoval, y otros autores con los que he trabajado, construyen imágenes hermosas con palabras. Admiro eso profundamente y me resulta grato dejarme llevar por las imágenes que el texto me evoca.
Hay temas que exigen mucho estudio, como la historia de El Niño del cerro El Plomo, que por su antigüedad está muy poco documentada. Eso dificulta la construcción de los personajes, sus vestuarios y otros detalles concretos. Sin embargo, las emociones contenidas en el relato son más universales y atraviesan generaciones, permeando las atmósferas de las ilustraciones.
También hay libros, como Pequeño Verde y Qué se bajen los humanos, que abordan temas que conozco bien y que me conmueven profundamente. En esos casos puedo verter mucho de mi visión personal.
Ese es un libro muy querido. Surgió como ejercicio en un taller online con la ilustradora española Marián Larios. Había que crear una historia y supe de inmediato que tenía que ser la del Cocodrilo Ruliento, que desarrollé a partir de un relato muy breve que inventaron mi padre y mi hija cuando ella era pequeña.
Como pienso en imágenes, comencé por crear los escenarios, los personajes y las escenas, acompañadas de textos muy breves que ayudaran a sostener el relato. En la construcción final, lo que más me costó fue afinar el texto. El resultado fue una historia divertida, que los niños adoran.
Le tengo mucho cariño al del cocodrilo y también a uno silente que se llama Archibaldo y Reinaldo, que aborda la depresión y la ansiedad. Creo que se habla poco de la salud mental en niños y jóvenes, a pesar de los tristes récords que nuestro país registra en esta materia.
También fue muy significativa la experiencia de realizar el cuento audiovisual Fantasmas en el Faro. Fue maravilloso explorar ese lenguaje narrativo y ver cuánto creció la historia al sumarle acciones, movimiento, música y sonido.
Es un proyecto largamente anhelado que no había podido concretar porque, afortunadamente, he estado ocupada haciendo libros. El año pasado decidí postularlo al Fondo del Libro y, además de la alegría de adjudicármelo, ha sido muy estimulante recibir una evaluación tan positiva.
Se trata de la historia de unos caracoles que se entusiasman en mejorar sus viviendas, hasta un punto en que no pueden sostenerlas. He retomado esta historia con enorme entusiasmo, trabajando con total libertad y convencida de que puede ser un aporte en este tiempo de cambios que, como humanidad, estamos viviendo.
Más que entregar un mensaje único, me interesa crear historias que los niños quieran leer, tener, mirar y escuchar, libros a los que deseen volver.
Algunos abren preguntas, otros provocan ternura, curiosidad, reflexión o risa. En esa diversidad de experiencias se va formando el pensamiento y la manera en que nos relacionamos con el mundo. Me motiva la idea de contribuir a ampliar la capacidad reflexiva y a nutrir la sensibilidad de niños y jóvenes.
+56 52 2382590
bibliotecaslibroalegre@gmail.com
San Enrique 339-A, Cerro Alegre
Horario
Martes a Viernes de 10.00 a 12.00 y de 15.30 a 18.30 horas
Sábados de 16.00 a 19.00
Domingo y Feriados: Cerrado
Pezoa Véliz con Vargas Stoller, al interior del CESFAM Puertas Negras.
Horario
Miércoles, Jueves y Viernes de 15.30 a 17.30 horas