Paula Gajardo: “Cuando un niño descubre el placer de leer desde el cariño, el juego, el asombro, ese regalo puede acompañarle toda la vida”

31 julio, 2026

Paula Gajardo tiene una vocación profunda por la educación, desde pequeña supo que quería dedicarse a enseñar y en este viaje personal, la literatura ha estado siempre presente. En esta entrevista comparte su mirada de la literatura infantil desde una doble perspectiva, como directora de una escuela y voluntaria de la Biblioteca Libroalegre.

¿Cómo empieza tu vínculo con la Literatura Infantil y Juvenil?

Desde joven me gustaban los libros, me gustaba leer. Leía cuentos, historias, porque sentía que podía introducirme en esos mundos e imaginar a los personajes, vivir sus aventuras ser parte de ellas. Con el tiempo, ese interés se transformó en un vínculo especial con la literatura infantil y juvenil, descubrí que esas historias no sólo entretenían, sino que también me enseñaban.

¿Recuerdas algún libro que te haya marcado de pequeña?

No diría que hubo un libro que me marcara especialmente cuando era pequeña, pero sí recuerdo con mucho cariño la colección de Papelucho. Seguí cada una de sus historias, me parecían entretenidas, me divertía leerlas y siempre despertaban mi curiosidad. Disfrutaba mucho su forma de ver el mundo y esperaba con entusiasmo descubrir qué aventura viviría en el siguiente libro. Creo que Papelucho despertó mi gusto por la lectura.

 ¿Cómo conectas vocación por la educación y promoción de la lectura?

Desde que tengo memoria sentía que quería ser educadora de párvulos. De pequeña me gustaba mucho jugar con niños más chicos que yo, jugaba a la profesora. Iba a buscar lápices, cuadernos, pizarra y organizaba mi sala de clases y creaba actividades para ellos. Mirando un poco hacia atrás, creo que esa era mi manera de expresar una vocación que ya habitaba en mí.

Con el tiempo comprendí que ese deseo no era sólo enseñar sino también aportar a una forma distinta de educar. Siempre soñé con una educación más cercana a las niñeces donde el juego fuera un lenguaje principal, el afecto se expresara con libertad y respeto, y donde cada niño y niña pudiera sentirse visto, escuchado, valorado. Esa convicción me ha guiado durante este camino y sigue estando presente en todo lo que hago.

Respecto a la promoción de la lectura, los cuentos nos permiten conversar sobre las emociones, hacernos preguntas, reír, soñar y mirar el mundo con otros ojos. Cada vez que comparto una historia siento que también estoy construyendo un vínculo, sembrando curiosidad y ofreciendo un espacio seguro donde la imaginación pueda florecer. Creo profundamente que cuando un niño o una niña descubre el placer de leer desde el cariño, desde el juego, desde el asombro, ese regalo puede acompañarlo toda la vida. Ser parte de ese descubrimiento es, sin duda, uno de los mayores privilegios de mi profesión y lo agradezco día a día.

¿Qué papel crees que cumple hoy la literatura infantil y juvenil en la formación?

Creo y, sobre todo, siento que la buena literatura infantil y juvenil cumple un papel fundamental en la formación de niños, niñas y jóvenes a través del placer de la lectura. No sólo desarrollamos la imaginación y la creatividad, sino que también adquirimos conocimiento, fortalecemos el pensamiento crítico, aprendemos a comprender mejor el mundo y a los demás. La lectura creo que nos entrega herramientas para crecer como personas y nos da la libertad de pensar, imaginar, cuestionar y de construir nuestras propias ideas. Por eso considero que fomentar el acceso a una literatura de calidad desde la infancia es una manera de formar lectores, pero también personas más sensibles, reflexivas y empáticas.

¿Cómo incorporan la lectura y la literatura en la vida cotidiana de la comunidad educativa Andalicán?

La lectura y la literatura son un eje fundamental del proyecto educativo Andalicán. Este trabajo comienza desde el jardín infantil: el gusto por la lectura se cultiva desde los primeros años de vida. Cada día, tanto en el jardín como en la escuela, compartimos la lectura de un libro con las niñeces. Además, cada dos semanas renovamos nuestra selección de libros en préstamo de la biblioteca Libroalegre, lo que nos permite ofrecer constantemente nuevas historias y experiencias literarias. Nuestro propósito es que la lectura forme parte de la vida cotidiana de la comunidad educativa, generando espacios de encuentro, de imaginación, conversación, aprendizaje, porque más que una actividad académica, buscamos que los niños vivan la literatura como una fuente de disfrute, de curiosidad, de descubrimiento y de encuentro con otros.

¿Cuáles son los proyectos o iniciativas de Escuela Andalicán hoy?

Nuestro proyecto pone en el centro a las niñeces; eso es lo más importante, respetamos sus intereses, sus ritmos, sus formas únicas de aprender, y cada día compartimos un momento de lectura.

También tenemos un taller semanal de radio donde nuestras niñeces crean contenido, expresan sus ideas y desarrollan habilidades de comunicación. Ese trabajo lo compartimos un domingo al mes en la Radio Placeres, lo que permite a los niños y niñas centrarse en lo que están haciendo, en sus opiniones, y sentirse parte activa de la comunidad.

Otro proyecto muy significativo es el taller de música en el que cada uno de los niños elige un instrumento y lo trabaja durante todo el año, en un proceso de aprendizaje que fortalece la perseverancia, la creatividad y la creación artística. Más que enseñar contenido, buscamos construir como comunidad, una comunidad en la que cada infancia se sienta vista, escuchada y valorada.

¿Qué opinas de la labor de Libroalegre?

Nuestro vínculo con Libroalegre se ha construido durante más de 10 años y nace desde el reconocimiento del valor que tiene la biblioteca como espacio cultural para las infancias. Cada martes la visitamos con un grupo de niños y este vínculo, sostenido en el tiempo, hace que la biblioteca forme parte de las experiencias significativas de aprendizaje, fortaleciendo su relación con los libros y generando un espacio donde la lectura se transforma en una vivencia compartida.

¿Cómo fue tu experiencia como voluntaria en Libroalegre?

Fue profundamente enriquecedora, pude participar en distintas actividades de mediación lectora en espacios muy diversos, como el hogar de niños Arturo Prat, la Escuela Árabe Siria de Playa Ancha y la cárcel de mujeres. Cada uno de estos lugares me permitieron comprender que la lectura puede convertirse en un puente de encuentro, de expresión, de esperanza, sin importar el contexto. Por eso, ser voluntaria me permitió crecer como persona, reafirmar el valor del trabajo comunitario en equipo y comprender que promover la lectura es también una forma de contribuir al desarrollo de una sociedad más participativa creativa, crítica y, por sobre todo, solidaria.

¿Qué libro infantil recomendarías para que todas las familias leyeran este año?

Es difícil, hay muchos, pero si tuviera que elegir uno, sería Detrás de Momo vive Mori. A través de sus imágenes y palabras logra mostrar de una forma muy sensible lo que puede sentir un niño cuando experimenta emociones tan intensas como la rabia, el enojo, la ira y aún no sabe cómo nombrarlas ni expresarlas; muchas veces, como adultos, nos cuesta comprender y contener esas emociones. El libro nos invita a mirar más allá de la conducta, a ser pacientes y a recordar que, a veces, esa conducta es la única forma que tiene el niño o la niña para expresar lo que está viviendo por dentro. Es un libro que abre conversaciones importantes y nos ayuda a acompañar a la infancia con más empatía y, sobre todo, con menos juicio.

¿Qué les dirías a las madres, padres y personas cuidadoras que aún no han incorporado la lectura a la vida cotidiana de sus niños y niñas?

Que nunca es tarde para incorporarla. No se trata de convertirla en una obligación, sino de crear momentos de encuentro, imaginación y conexión. Yo les diría que leer juntos, aunque sean pocos minutos al día, fortalece los vínculos afectivos, estimula el lenguaje, despierta la curiosidad y ayuda a que descubran nuevas formas de comprender el mundo.

 

 

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