Gabriela Germain: “Me interesa crear libros a los que los niños quieran volver”

3 marzo, 2026

Desde sus primeros recuerdos rodeada de libros, hasta su actual trabajo como autora, ilustradora y mediadora, Gabriela Germain ha construido una trayectoria donde la imagen y la infancia dialogan con profundidad y delicadeza. Con formación en Diseño Gráfico y un Diplomado en Ilustración en la PUC, ha publicado ocho libros y colaborado con destacados autores nacionales, consolidando una voz propia en la literatura infantil chilena. Además, es vicepresidenta de IBBY Chile, la Organización Internacional para el Libro Infantil y Juvenil. En esta conversación, reflexiona sobre los desafíos del ecosistema del libro en Chile, la paciencia que exige el oficio creativo y su convicción de que las buenas historias, aquellas que atrapan el silencio atento de los niños, son el corazón de todo gran libro. 

  1. ¿Cómo empieza tu vínculo con la literatura infantil y juvenil?

Comenzó en mi infancia, porque tuve la fortuna de crecer con padres que le dieron espacio a la fantasía, a los libros y al arte.

La primera vez que recibí un pago por mis dibujos estaba todavía en la universidad. Fue un período en que dibujé mucho, pero luego hice una pausa larga para dedicarme a la crianza, al diseño gráfico y a la docencia.

Más tarde me reencontré con el dibujo, tomé varios cursos e hice el Diplomado de Ilustración en la PUC. Después publiqué mi primer libro, Cuando el viento sopla fuerte, y desde entonces me he dedicado a hacer libros. Paralelamente, he fortalecido mi vínculo con la infancia dando talleres, contando cuentos en Kamishibai y haciendo mediación lectora. Un trabajo que hoy me motiva aún más desde la vicepresidencia de IBBY Chile.

  1. ¿Recuerdas algún libro que le haya marcado especialmente de pequeña?

¡Hubo muchos! Hace unos días, buscando libros en una biblioteca, me encontré casualmente con un compendio empastado de Fabulandia y, por un instante, volví a mi niñez.

Guardo un cariño especial por algunos libros alemanes que me marcaron profundamente. Recuerdo Struwwelpeter, con la impresionante imagen de la pobre Paulinchen convertida en un montón de cenizas y su gato llorándola. También Wichtelhausen (Casas de duendes), donde duendes, ratoncitos, ranas, pajaritos e insectos habitaban diminutas viviendas construidas en los hongos y árboles de unos bosques maravillosos. Y no puedo dejar de mencionar Die Himmelswerkstatt (La fábrica del cielo), que mostraba la vida de los angelitos preparando la Navidad y fabricando los juguetes que luego recibiríamos aquí en la Tierra. Eran libros para mirar y volver a mirar. Sus ilustraciones, llenas de vida y preciosos detalles, quedaron para siempre grabadas en mi alma.

  1. ¿Qué elementos crees que debe tener un buen libro de literatura infantil y juvenil?

Pienso que un buen libro es el resultado de un trabajo en equipo. No basta con un buen texto si no hay buenas ilustraciones, edición cuidada, diseño y una factura de calidad. Pero incluso considerando todo eso, el éxito de un libro depende, principalmente, de que cuente una buena historia.

Cuento muchos cuentos y adoro sentir el silencio que se produce cuando aparece algo en la historia que atrapa a los niños. Sus ojos se abren y se quedan quietos, hasta que logran soltar la reacción que la escena les provoca. Son momentos breves, pero mágicos, en que todo adquiere sentido y puedo sentir una conexión poderosa con esa mirada abierta, pura e inocente de la infancia.

  1. ¿Qué cualidad debe tener una persona que quiera escribir o ilustrar libros para niños y niñas?

Lo he dicho en algunas charlas para estudiantes: se necesita alta tolerancia a la frustración, porque es una carrera en la que se reciben muchos rechazos y los proyectos a veces demoran muchísimo en concretarse.

La paciencia y la determinación me parecen tan importantes como las habilidades para el dibujo. Y, por supuesto, considero vital mantener la capacidad de jugar, contar, interesarse y relacionarse genuinamente con la infancia.

  1. ¿Cuáles son los desafíos en Chile en la industria de la Literatura Infantil y Juvenil y el Libro?

Creo que lo que hoy llamamos el ecosistema del libro, que abarca a autores, editores, impresores, distribuidores, libreros, lectores, bibliotecarios y mediadores, vive un momento especialmente fértil. Existen importantes reconocimientos internacionales y un aumento notorio en la producción de libros de gran calidad.

Sin embargo, buena parte de estos logros se ha alcanzado gracias al enorme esfuerzo, la convicción y el compromiso de quienes integramos esta cadena. El Estado ha contribuido significativamente a este desarrollo, pero aún enfrentamos desafíos importantes. Uno de ellos es fortalecer la proyección internacional del libro chileno con mayor presencia en ferias y eventos internacionales, traducción de nuestras obras, venta de derechos, intercambio profesional y participación activa en redes globales. Chile produce libros de buena calidad y debería tener una presencia mucho más visible y sostenida en el escenario internacional.

Al mismo tiempo, no puedo dejar de pensar en la desigualdad territorial. En Chile no todos los libros ni todos los autores llegan a todo el país. En ese sentido, confío en que se profundicen y fortalezcan las políticas públicas, especialmente a través del incremento de las compras estatales, que considero una de las herramientas más eficaces para garantizar el acceso equitativo a los libros a lo largo de todo el territorio.

 

  1. ¿Qué rol ha jugado tu profesión de diseñadora en tus creaciones de LIJ?

Mi camino comenzó en el Diseño Gráfico. Estudié, trabajé y fui profesora en esa área, y creo que esa base ha sido fundamental en mi trabajo como autora e ilustradora. Me dio herramientas concretas, como comprender la relación entre los elementos en la página y manejar conceptos como secuencia, ritmo, peso visual y legibilidad. También me vinculó profundamente con la materialidad del libro, el papel, la imprenta y los procesos que lo hacen posible.

Esa formación ha sido especialmente valiosa cuando trabajo con textos de otros autores. El diseño suele partir de un encargo, lo que implica un ejercicio riguroso de estudio, observación y comprensión del tema.

Sin embargo, a la hora de imaginar la historia, pensar las escenas y crear las imágenes, desde el storyboard en adelante, entro de lleno en mi territorio como ilustradora. Allí soy autora de una parte esencial del relato. Mi mirada y mi subjetividad se integran a las imágenes y pasan a formar parte del todo.

  1. En El niño del cerro el Plomo, La tejedora del sur y ¡Que se bajen los humanos!, tu trabajo fue el de ilustrar, ¿cómo se desarrolló el diálogo entre escritura e ilustración? ¿Fue desafiante ilustrar algo escrito por otros?

Sí, han sido procesos desafiantes que he podido asumir porque en todos los casos he comenzado por enamorarme del texto. Paulina Jara, César Sandoval, y otros autores con los que he trabajado, construyen imágenes hermosas con palabras. Admiro eso profundamente y me resulta grato dejarme llevar por las imágenes que el texto me evoca.

Hay temas que exigen mucho estudio, como la historia de El Niño del cerro El Plomo, que por su antigüedad está muy poco documentada. Eso dificulta la construcción de los personajes, sus vestuarios y otros detalles concretos. Sin embargo, las emociones contenidas en el relato son más universales y atraviesan generaciones, permeando las atmósferas de las ilustraciones.

También hay libros, como Pequeño Verde y Qué se bajen los humanos, que abordan temas que conozco bien y que me conmueven profundamente. En esos casos puedo verter mucho de mi visión personal.

  1. También eres una autora prolífica, como en el caso de Cuando el viento sopla fuerte, que fue destacado por la Fundación Cuatrogatos. ¿Cómo nació esta historia?

Ese es un libro muy querido. Surgió como ejercicio en un taller online con la ilustradora española Marián Larios. Había que crear una historia y supe de inmediato que tenía que ser la del Cocodrilo Ruliento, que desarrollé a partir de un relato muy breve que inventaron mi padre y mi hija cuando ella era pequeña.

Como pienso en imágenes, comencé por crear los escenarios, los personajes y las escenas, acompañadas de textos muy breves que ayudaran a sostener el relato. En la construcción final, lo que más me costó fue afinar el texto. El resultado fue una historia divertida, que los niños adoran.

  1. ¿Tienes algún libro favorito entre tus proyectos?

Le tengo mucho cariño al del cocodrilo y también a uno silente que se llama Archibaldo y Reinaldo, que aborda la depresión y la ansiedad. Creo que se habla poco de la salud mental en niños y jóvenes, a pesar de los tristes récords que nuestro país registra en esta materia.

También fue muy significativa la experiencia de realizar el cuento audiovisual Fantasmas en el Faro. Fue maravilloso explorar ese lenguaje narrativo y ver cuánto creció la historia al sumarle acciones, movimiento, música y sonido.

 

  1. Recientemente ganaste la Beca de Creación del Fondo del libro, ¿de qué se trata este nuevo proyecto?

Es un proyecto largamente anhelado que no había podido concretar porque, afortunadamente, he estado ocupada haciendo libros. El año pasado decidí postularlo al Fondo del Libro y, además de la alegría de adjudicármelo, ha sido muy estimulante recibir una evaluación tan positiva.

Se trata de la historia de unos caracoles que se entusiasman en mejorar sus viviendas, hasta un punto en que no pueden sostenerlas. He retomado esta historia con enorme entusiasmo, trabajando con total libertad y convencida de que puede ser un aporte en este tiempo de cambios que, como humanidad, estamos viviendo.

  1. ¿Buscas entregar un mensaje en tus libros?

Más que entregar un mensaje único, me interesa crear historias que los niños quieran leer, tener, mirar y escuchar, libros a los que deseen volver.

Algunos abren preguntas, otros provocan ternura, curiosidad, reflexión o risa. En esa diversidad de experiencias se va formando el pensamiento y la manera en que nos relacionamos con el mundo. Me motiva la idea de contribuir a ampliar la capacidad reflexiva y a nutrir la sensibilidad de niños y jóvenes.

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